Knowmad

Son ya varias las ocasiones en las que he hablado sobre la figura del Knowmad (Nómada del Conocimiento).

Hombres y mujeres que hacen de un café casual lejos del despacho, una oficina improvisada en la que un laptop, tablet o smartphone son su única herramienta de trabajo.

Lunes 23 de febrero, tras una fría e inquietante noche en la que el viento robaba protagonismo a la luna, un soleado amanecer lucha por dejar atrás a tan molesto compañero.

Son las 07:30h, hace unos minutos que la luz se coló por la ventana e inundó cada rincón de la habitación. Tengo que apresurarme, empezamos la semana haciendo gestiones y no quiero ser víctima de esperas innecesarias. Hacer cola y perder el tiempo es de lo más molesto para mi.

Dicen que el esfuerzo siempre tienen recompensa y de hecho, suele ser así. Ahora vamos a por un merecido café y como no, sumergirnos en la Red.

Siguiendo nuestro protocolo secreto, pedimos el brebaje mágico y rezamos porque sea bueno, intenso, con cuerpo, negro como la noche y cubierto de esa espuma marrón con tonos dorados que lo hace tan especial.

Estamos pendientes de cada detalle, esperando con la cámara de nuestro smartphone ya preparada para hacer esa foto que inundará la Red de cafeína, ji ji.

Instagram, con su característica imagen cuadrada, enviará la información hasta Facebook y Twitter, en donde muchos de nuestros amigos compartirán este primer café de manera virtual, claro.

Aunque también es posible hacer la sindicación con Foursquare & Swarm, preferimos abrir esta última aplicación de Geolocalización y  Check-in, volver a subir la foto de nuestro café y comentar si procede, algo referente al establecimiento a modo de recomendación, ya sea positiva o negativa, claro.

Una vez cumplido el protocolo secreto, nuestra información habrá inundado algunas de las Redes Sociales más importantes del panorama actual, ji ji.

¡¡¡ Misión Cumplida !!!

Pero como es habitual, siempre hay un PERO.

Como he comentado antes, este es nuestro protocolo secreto, por lo que el establecimiento es ajeno en la mayoría de las ocasiones de esa“Publicidad Gratuita” que le estamos proporcionando a cambio de nada.

Aunque es en este último punto en el que “nada” es discutible, puesto que bajo el punto de vista del local, somos unos personajes que llegamos con un aparato electrónico con el que jugamos, en algunas ocasiones venimos con demasiada frecuencia (tanto como para generar malestar o incomodar a otros clientes) y lo peor de todo “despertamos todos los demonios en el momento en el que osamos recargar la batería de nuestro dispositivo” a costa del local.

Es decir, la filosofía es “Ven, consume, paga, no me generes pérdidas y vete”.

Pero sólo puedo hablar y dar fe de cosas que me han pasado a mi tales como:

– Negarme el acceso a suministro eléctrico y mostrarme al mismo factura de lo que paga el local.

– Darme autorización a suministro eléctrico y al día siguiente, en presencia de otros clientes, levantarme la voz y tratarme como un delincuente.

– Darme código wifi y al día siguiente decirme que no lo utilice porque es para uso exclusivo del local.
– Darme autorización a suministro eléctrico y comenzar una campaña de “desconexión interior de las bases de luz” (enchufes) durante días posteriores.

– Comentar en voz alta con otros clientes “Aquí se viene a beber, a trabajar que se vaya a su casa”

– O la última ¿Es que no tienes luz en tu casa? y de paso, mirar descaradamente el contenido de mi escritorio digital.

Bueno, así por encima son las dignas de mención y que, quieras o no, se te clavan como una espinita.

Volvemos pues al título de este artículo, el “Dilema del Prisionero” y nos formulamos algunas preguntas:

– ¿Volvemos a un local en donde hemos recibido este trato?

– ¿Repetimos nuestro protocolo secreto sabiendo que no somos bienvenidos?

– ¿Trasladamos estas experiencias a las Redes Sociales para que otros posibles clientes sepan a lo que se exponen?

– ¿Vale la pena seguir “haciendo publicidad gratuita” a quien no se lo merece?

– ¿Debemos compartir las tendencias de Internet con estos establecimientos para que nos miren con otros ojos y pasemos a ser “unos pringaos”?

Os puedo asegurar que a fecha de hoy, la mayoría de ellos no quieren saber nada de Internet y prefieren seguir esperando a que los clientes entren por la puerta “porque sí”, consuman rápido y se vayan.

En mi caso, seguiré con mi protocolo secreto, porque me gusta, porque me hace sentir bien, porque se que puedo ayudar sin esperar nada a cambio y porque en un futuro, quizá aun lejano y pese a todo, alguno de ellos comentará:

“Sí, lo conocimos. Venía aquí con su ordenador, se pasaba horas con un café, nos ofreció la oportunidad de conocer otras posibilidades para dar a conocer el negocio y lo ignoramos… Pero aunque hace mucho tiempo que dejó de venir, dejó su granito de arena y nos puso en ese nuevo mapa que es Internet.”

Hola, mi nombre es Raúl y me apasiona escribir en cafés 🙂