Un momento de quietud

Son ya varios los meses que mi presencia de forma regular en un par de cafeterías locales me ha conferido la categoría de “cliente habitual”, algo que me asusta.

La verdad es que me resulta de lo más extraño por un lado y grato por el otro.

Acostumbrado a una vida totalmente nómada y tras hacer un pequeño parón en mi lugar de residencia (me resulta incluso irónico) parece que todo se mira desde otro punto de vista.

Paseos casi idénticos con un paisaje en el que tan sólo cambian las nubes, la intensidad de la luz, los colores de la flora, la temperatura, la escasa lluvia y el cielo al caer la noche.

Reconozco que durante los primeros meses no lo entendía, incluso era insoportable tanta quietud, pero tras tantos años de estrés castigando inconscientemente al cuerpo y la mente, me hacía falta.

Detenerte en el momento que lo desees, observar a tu alrededor, sentir los olores y el viento en tu piel, descansar cobijado por la sombra de un imponente árbol, descubrir mil sonidos en la Naturaleza y por primera vez, abrir los ojos y ver, con pasión quizá, que la vida en sí es una maquinaria que lleva su propio ritmo.

Siempre he pensado que estar un solo minuto parado, hacer la siesta o estar desconectado del mundo virtual, era perder el tiempo. Pero cuando decides invertir tu tiempo en estas cosas, algo en tu interior cambia.

Sientes que el aire sirve para algo más que para respirar, te aclara la mente, te refresca, te oxigena.

La lluvia deja de ser ese incordio que moja tus ropas, tus maletas, tus cosas o pone en peligro tus dispositivos electrónicos. Es mucho más… cuando golpea en tu rostro, te transmite nuevas sensaciones, te refresca e incluso pasa a ser divertida cuando se empeña en que salgas corriendo en busca de un lugar seguro.

Corren tiempos complicados en los que dejamos de ser uno más en la maquinaria industrial.

Las cosas han cambiado, las leyes de la vida también y, lo que nos queda, nuestro verdadero C.V. (Currículo Vitae) somos nosotros mismos, no lo que hemos hecho en un pasado reciente totalmente obsoleto.

Es curioso dejarse invadir por esos momentos de quietud en los que la mente está relajada y las reflexiones aumentan en profundidad.

Conocerse a uno mismo, hacer inventario de lo que sabemos y podemos ofrecer, descubrir que tenemos capacidad para reinventarnos y seguir aprendiendo…

Sonrío al ver lo que un simple café puede dar de sí, en un caluroso mes de agosto en el que tanta gente se detiene por unos u otros motivos.

Pero la tranquilidad es como un sueño que al despertar sólo permanece en tu mente. Hay que prepararse para volver al campo de batalla.

La vida está llena de curiosidades, deja que te sorprendan!!!

Raúl Díaz

coaching emprendedor motivacion