El Precio de la Envidia
Amanece, nuevamente, una vez más y parece que nada cambia a mi alrededor.
Estoy enfado, molesto, incómodo y decepcionado, la verdad. Y sí, lo vas a notar en mis palabras, en mi escritura y si en alguna ocasión me has leído, en la forma de expresarme.
Y mientras doy vueltas al ya tercer café de la mañana, no puedo más que ocupar mi mente con lo que suele pasar con la gente que opina gratis sobre la vida ajena y que por supuesto, jamás calzarían tus zapatos. Pero claro, opinar y juzgar sigue siendo gratis, por lo que una vez más, he de estar en boca de algunos que en realidad, me importan menos que nada.
A veces recuerdo con nostalgia el día que decidí abandonar la vida de asalariado, tras enfrentarme al abuso del que era encargado la empresa de fabricación de mobiliario de oficina que trabajaba, un tal Palomares.
Siempre lo he cuestionado todo, nunca me he doblegado y aunque a veces he cedido sutilmente, nunca he aceptado los abusos. Y así me ha ido en la vida, cruzándome con personajes de la peor calaña que abusando del mágico poder que de palabra le daba algún empresario, pasaban a sentirse y vivir como Dioses, pero de los malos, claro.
Y eso es lo que suele pasar en este país, que nos volvemos gilipollas en cuanto alguien dice que somos seres superiores al resto de los que antes, eran nuestros compañeros.
Pero mis recuerdos van más allá, justo después de la época en la que me dediqué a la construcción y que tan buenos y lucrativos días me brindaron.
Mientras la mayoría iban de comilonas y cenas para sentirse más sociables, yo viajaba. Mientras seguían a rajatabla los estereotipos sociales, yo seguía sin encontrar mi media naranja (cierto que sólo me topé con algún limón). Mientras hacían alarde de ostentosos coches, yo seguía descubriendo la vida a lomos de mi pequeño ciclomotor. Sí, una de esas motos que se lleva sin carnet y que suelen pilotar los más jóvenes. Pero no necesitaba más, vivía en plenitud.
Después llegaron las hipotecas, haber cual más cara y alargada en el tiempo. Todos se vanagloriaban, escupiendo palabras traducidas a metros cuadrados, cláusulas que nunca entenderán y años de pagos interminables. Mientras tanto, yo compraba una pequeña parcela en un pueblecito fuera de la ciudad, invertía todo lo que ganaba en materiales y construía con mis propias manos la que hoy, es mi casa.
Sí señoras y señores, he construido una casa con mis propias manos. Aplicando todos los estudios y conocimientos matemáticos que tenía, preguntando y pidiendo asesoramiento a profesionales del sector, tanto en obras cercanas como entre los pasillos de centros de bricolaje, en donde es fácil encontrar a los pequeños autónomos que levantan cada día este país.
Así pues, armándome de conocimientos y sobre la marcha, desde el replanteamiento inicial hasta poner la última teja, levanté mi hogar.
Sí, la hice. Y mientras todos esos que me rodeaban seguían con sus protocolos sociales, yo me lo gastaba en ladrillos, sacos de cemento, arena, varillas de hierro, herramientas, horas de estudio y un sin fin de largas jornadas de trabajo, muchas de ellas finalizadas bien entrada la noche.
Pero no, parece ser que a nadie le importa eso, por supuesto que no.

Al cabo del tiempo, a una chica con la que mantenía relación, su mejor amiga le recriminó ¿Qué esperas de un chico que va en un ciclomotor?
La verdad es que ese comentario me dolió, aunque no sé si por quien lo hizo o por como se le contestó. Sólo recuerdo la pregunta, la verdad.
Por aquél entonces, ganaba más dinero del que me daba tiempo a gastar, nadie lo sabía. Cada vez que llegaba a la puerta del banco, tanto el director como su mano derecha salían a recibirme, y por supuesto, hacerme la cama. Semana sí y semana también, una gran parte de mi dinero iba a parar a esa oficina.
Por aquel entonces, mi vida dio un nuevo giro y empecé a moverme en lo que se denominaban eventos de networking, mundo emprendedor y el nacimiento del Social Media.
Mientras que por la mañana mis manos se sumergían en el cemento, por la tarde me transformaba en un tipo trajeado, lleno de motivación y fascinado por todo lo que estaba descubriendo a través de las redes sociales. La verdad, me lo pasaba genial.
Pero aquello duró menos de dos años, suficientes para descubrir que eran los mismos perros con diferentes collares. Aunque no todos ellos, sí la mayoría.
Entraba de lleno en un mundo de depredadores. Fue decepcionante. Incluso volví a escuchar aquello de ¿Va de traje y viene en un ciclomotor?
Meses después parece que mi presencia empezó a molestar, y mucho. Como en todas partes, algunos individuos se autoproclaman Dioses y el resto, se doblega.
Tengo muchos y muy buenos recuerdos de aquella etapa de mi vida. La verdad es que aprendí muchísimo, sobre todo de los más malos.
Porque a fecha de hoy, los métodos de “acoso y derribo” que utilizaban, los he vuelto a ver. Y no una, sino en muchas más ocasiones. Es como se siguiese un patrón, un manual oscuro o algo así. Como digo, los mismos perros con diferentes collares.
¿Y qué es lo que me lleva a escribir hoy, cuando estamos a punto de llegar al ecuador de la mañana estas palabras? Pues que pasa el tiempo y nada cambia, todo sigue igual.
Te digo una cosa, son muchas las veces que siento que atraigo a la gentuza, a la peor calaña, a los más indeseables. Porque de verdad, a veces pienso que estoy rodeado… Bueno, en realidad lo estoy, pero eso ya te lo contaré en otra ocasión., que luego se dan por aludidos y encima recibo amenazas de algún vecino que otro.
En el año 2015 decidí volver a cambiar de vida, seguir trabajando de manera independiente, pero sin que el lugar de residencia me condicione.
Así es como me metí de lleno en Nómadas VIP, un blog donde compartir mis viajes, dar visibilidad a destinos increíbles, escribir fantásticas crónicas, llenas de sentimiento, experiencias, consejos y además, pudieses verlo todo a través de la fotografía y algún que otro vídeo.
Pero no, la verdad es que la cosa no funciona así para los que me rodean. Así que una vez más, debo estar en boca de todos, criticando mis múltiples paseíllos a tomar café, juzgando si trabajo o estoy jugando con el ordenador, fijándose en si tengo coche o voy andando. ¡Puagg! Es agotador.
Y así estamos, bajo el punto de mira de gente que me aunque trae sin cuidado, se encarga de minar mi reputación ante la sociedad. (Aunque algunos de ellos tienen mucho que callar)
Es triste, pero son así. ¿Vas en moto? Eres un “pringao”. ¿No tienes coche? Eres más «pringao» todavía ¿Vas andando? Eres un muerto de hambre que no puede permitirse un vehículo. Tal cual.
Sí, todo se resume en esto, en tener un buen coche o no. En la apariencia, en lo superficial, en lo que se vé.,
Pero puesto a ver ¿Cómo lo veo yo? Porque supongo que mi opinión en algo debe contar ¿Verdad?
Aunque sé que para nada, la gente no cambia. Las explicaciones no sirven, justificar, es peor todavía.
Y esto me traslada a la temprana edad de 13 añitos cuando empecé a estudiar Electrónica Industrial y el que fue mi tutor me dijo:
Raúl ¡Tanto tienes, tanto vales! No lo olvides nunca.
La verdad es que por aquél entonces no lo entendí, no tenía sentido. Pero han pasado tantos años y tantas vivencias, que tal leyenda, ha terminado grabada a fuego en mi piel.
Estoy enfadado, muy enfadado, pero en el fondo sé que no sirve para nada. La gente opina, juzga y chismorrea, puede que incluso yo lo he hecho en muchas ocasiones. Pero no sirve para nada, la verdad.
El ser humano es cruel por naturaleza. Pisoteamos al débil, desprestigiamos a nuestros rivales, le arrancamos cualquier ápice de amor propio y lo lanzamos a los cerdos, para que sean devorados.
¡Reconocedlo! Somos así de malos.

Cada mañana, cuando bajo al pueblo a tomar café, coincido con trabajadores de diferentes sectores, electricistas, albañiles, gente del campo, etc. Los miro en silencio y muchos de ellos, todavía no acostumbrados a mi presencia, pese a los años que llevo aquí, me miran también a mi.
Yo respeto sus trabajos, respeto sus vidas y entiendo cómo funcionan. Yo también fui como ellos, compartí los mismos momentos y por supuesto, algunos de los pensamientos. Pero decidí seguir mi camino y ser fiel a mis principios.
A fecha de hoy y como he comentado, trabajo para mi. Lo hago 365 días al año, sacrificando gran parte de mi vida privada e invirtiendo todo ese tiempo en lo que creo. No tengo horarios y por supuesto, tampoco nómina. Y esto lo condiciona todo, si no ganas dinero es como si no trabajases, y es así como te ven los demás.
Mi pasión es viajar, lo hago siempre que puedo. Me gusta escribir, es algo empecé a hacer desde muy joven. Y me encanta dejarme llevar por la intuición, así es como entiendo la fotografía, y es algo que no quiero perder.
Y triste de mi, para ironía de la vida, comparto todas las ilusiones a través de la red, llegando de alguna manera, nuevamente a ellos, a todos esos que me critican, a los que me juzgan y sobre todo, a ese puñado que dice querer vivir como yo, pero que en sus perfectas vidas, nunca lo harán.
Quizá sea pobre como algunos me ven, quizá no tenga un trabajo que sus pequeñas mentes entiendan, quizá no tenga un flamante coche para pertenecer a su exclusivo club de “¡Ah! ¡Eres normal!
Y quizá, sólo quizá, algunos de los que me hicieron daño en el pasado, lean estas, mis palabras. De lo que sí estoy seguro es de que el día que no esté aquí, y aunque para ellos haya sido objeto de burla, para mi no formarán ni tan siquiera parte de algún recuerdo.
La vida me ha permitido desarrollar una memoria selectiva en la que la Naturaleza, los viajes y mi familia se llevan el 99% del tiempo.
El 1% e incluso menos, lo utilizo para pensar en toda la gente que he citado anteriormente y de hecho, si hoy he escrito estas líneas, es para hacer un reset de ese 1%, vaciar la mente de basura y seguir mi camino.
Señoras y señores, tener coche mola mucho, pero allá donde voy, no hay carreteras. Tener una hipoteca debe molar mucho también, pero no me da la gana ser esclavo de la banca. Y debe molar mucho además tener una vida social activa en la que tienes 48 fines de semana iguales y sólo 4 para hacer vacaciones y gastar todo lo que has ahorrado durante el año sólo para “APARENTAR” ante tus semejantes y saciar tu “EGO”.
Por mi parte, cada día es diferente, cada amanecer una nueva Aventura y cada idea, un destino que conquistar.
El dinero viene y va, la vida no. Aprovéchala y ser feliz, seguro que muchas de las gilipolleces que piensas, dejarían de tener cabida en tu día a día.
Y por supuesto, si tienes tiempo para criticarme, es porque soy suficientemente interesante para ti y tu vida en sí, no merece tanto la pena como pensabas. Salvo que tu ego vuelta a hacerte sentir un ser superior, ji ji.
Y ahora con tu permiso, tengo que seguir con lo mío.
¡Ah! Y como decía mi abuelo: Ni te borro ni te bloqueo, te dejo ahi para que veas lo bien que me lo paso.
Feliz día 🙂

Tienes mucha razón juzgamos a la gente por sus apariencias sin importarnos como son en realidad pero por suerte no todos somos iguales 😊
Hola José Vicente
Gracias por tus palabras. Así es, por suerte no todos somos iguales y gracias a ello, todavía ay esperanza, ji ji.
Un saludo y bienvenido al blog 🙂
Querido Raúl te felicito eres un ser humano extraordinario…no permitas que la envidia destruya tus sueños siempre existe la critica tanto constructiva como destructivo lo segundo desechalo…se feliz con lo que haces que ese punto sea lo mas importante…no olvides la envidia esta en las personas infelices que no soportan verte feliz recibe fuerte abrazo 🤗
Hola Rosario, bienvenida a este pequeño espacio.
Muchas gracias por tus palabras, estoy totalmente de acuerdo. Pero vivimos en un mundo en el que el mal crece desproporcionadamente alimentándose de una Sociedad inmersa en la oscuridad, ji ji ji. (Madre mía, qué mal lo he pintado)
Pero tienes toda la razón, debemos seguir peleando por nuestros sueños y demostrando que podemos ser mejores. Sobre todo mostrando el camino a muchos otros.
un abrazo y gracias nuevamente 🙂