Sin Rumbo, sin Brújula…

Nací sin rumbo, con un destino incierto y sin una brújula que me oriente.
Me forjé de experiencias, superando obstáculos y saboreando batallas ganadas.

Atrás de mí, caminos de piedra y polvo, días abrasadores y gélidas noches.

Pero cada amanecer, los rayos de sol vuelven a acariciar mi rostro, impregnándome de luz y energía… 

Durante cada jornada, mi alma se enriquece de conocimientos y mis sentidos satisfacen plenamente su cometido.

Y al caer la noche, una bella y siempre misteriosa luna me pregunta ¿tienes un motivo para sonreír antes de que Morfeo te atrape en el mundo de los sueños?

La respuesta es Sí! Porque estoy vivo, porque disfruto de la vida y porque soy feliz.

¿Hace falta algo más?
Raúl Díaz.

P.D. 

Dedicado a Sú Carpena (Argentina) y a toda la gente que como yo, crea en los verdaderos valores de la vida.