Por un puñado de monedas.

Hace tan sólo unos días, varié mi paseo matinal para pasar por el banco y que me cambiasen un puñado de monedas, de esas que vas almacenando en casa porque nadie quiere coger, por quizá algún billete.

Hablamos de los curiosos céntimos capaces de cambiar su brillo inicial, por un incómodo ennegrecimiento que invita al abandono de los mismos en cualquier rincón de la casa.

Como si de un tesoro se tratara, entré sonriente al establecimiento convencido de que sería algo rápido.

Pero para mi sorpresa, la simpática cajera se negó tanto a gestionar la complicada operación como a facilitarme unos “blisters” para comodidad mía.

Sorprendido ante la explicación de que si no soy cliente se niega a atenderme y sabiendo que estábamos solos, le comenté que tenía cuenta en otra compañía, pero a varios kilómetros.

Aun así, me invitó a salir amablemente del lugar cargado con mi pequeña fortuna.

Así que esta misma mañana aprovechando las primeras luces del día, mi cometido ha sido recorrer 5,6km para que me cambien 17€ y 50 céntimos por un par de billetes y dos monedas más gordas, ji ji.

Una hora de ida, otra de vuelta, un café y el comentario de mi banquero diciendo “qué pocas ganas de trabajar tienen algunos“.

Hablamos de Redes Sociales, de fidelizar clientes, de mejorar la imagen de las empresas y de bla, bla, bla…Así nos va!

Y yo me pregunto ¿cuánto vale mi tiempo?

Raúl Díaz.