Os debo nada.

Tras unos días de cierta inestabilidad atmosférica en la que la Naturaleza nos ha traído la tan ansiada lluvia, un toque de viento caprichoso y el revitalizante frío, sale el sol.

Como en tantas otras ocasiones, una posición estratégica en la cafetería permite que, des intencionadamente, escuche mil y una conversaciones ajenas.

El contraste de temperatura al entrar de la calle invita a despojarse de prendas rápidamente y, aun así, pedir un café bien caliente.

Como todos sabemos, la situación económica del país sigue desmoronándose estrepitosamente. Invitando a emigrar a unos y lo más importante, una reestructuración familiar entre el sector más desfavorecido.

Año 2014 y vamos a peor, recortes generales, persecución a los parados que cobran prestaciones, retirada de ayudas a personas dependientes de servicios sociales…

Vamos, una masacre en toda regla.

Pero hoy, mis palabras no van dirigidas a ese “sector más desfavorecido” que siempre ha estado ahí, sino al “Nuevo Sector”, al de los que se cumplían a rajatabla con los estereotipos sociales y con 20 años se independizaban, se compraban un piso, un coche, se casaban (o no) y tenían niños (o no).

Si, me refiero a toda esa gente joven que se embarcaba en el mundo de los préstamos, el cual les llevaba a la facilidad de adquirir préstamos y por consiguiente, al de la apariencia, al de querer un piso más grande que el del vecino, un coche más potente que el de los amigos, vida social a “Tutti pleni” y además, arrastrar a toda una generación anterior que como nuevos actores, adquirían el papel de “Aval”.

El resultado final es que se han apoderado de nuestros hogares, de todo el dinero que les hemos pagado y además, de los avales ¿a que es un buen negocio?

Y no sólo hablo de los Bancos, sino de los Prestamistas usureros de última hora, de los Notarios, de los Registros de la Propiedad, del Catastro, de Hacienda, de tasas de Ayuntamientos, de todas esas veces que pagamos por una misma cosa, por la inmobiliarias que tantos millones han movido en B y sobre todo, del Sistema Judicial que ha hecho que todo esto funcione condenando a la pobreza extrema a unos y a la riqueza a otros.

Quizá penséis que esta reflexión llega tarde, pero en realidad, es ahora cuando nos damos cuenta de que el pueblo, por así llamarlo, se está reorganizando o mejor dicho, reubicando.

Miles de parejas que basaron su éxito en una entrada continua de ingresos y cuyos pilares se han desvanecidos al igual que el amor.

Otras tantas que han tenido que separarse involuntariamente para alojarse en las casas que les vieron crecer o quizá, la habitación de algún amigo.

Y algunos que simplemente, lo han visto como el momento de empezar una nueva vida.

Esta es nuestra realidad, buscar soluciones “temporales” hasta que la situación cambie, pese a ser una carga para esas personas que nos han aceptado como huéspedes y han pasado ha iluminar este pequeño país de esperanza como estrellas en el cielo.

Mientras tanto, los medios de comunicación se han transformado en un circo, los políticos han perdido el respeto de la población y nos deleitan con puestas en escena tan cuidadas que resultan insultantes.

Todos sabemos que no se piensa igual cuando tienes un buen sueldo a final de mes (por no mencionar el suculento flujo de dinero y bienes que muchos han disfrutado y disfrutan desde tiempos remotos) que cuando estás con el agua al cuello, cuando los has perdido todo y encima, pasas a ser un moroso cuya deuda sigue creciendo por momentos.

Porque no nos engañemos, nadie pone freno al nuevo modelo de moroso condenado de por vida.

D.N.I. (Documento Nacional de Identidad) Huellas digitales, fotos actualizadas y hasta pruebas caligráficas. Estamos etiquetados como ganado desde que nacemos hasta que ya no pueden exprimirnos más como esclavos, que es lo que somos.

Si señoras y señores, pertenecemos a un nuevo modelo de esclavitud, permitida y asimilada por todos nosotros, que mantiene un Sistema. Su Sistema. El Sistema.

¿Se puede cambiar? ¿Se puede anular? ¿Se puede mejorar?

Estas serían las preguntas que puedo formular desde un punto de vista positivo, pero en realidad lo que corre por mis venas es:
¿Se puede salir del Sistema?

El murmullo de la gente ha desaparecido, no quiero alzar la mirada y descubrir que siguen ahí. Me siento protegido por la soledad, acompañado únicamente por un café ya frío que decora el fondo de la taza.

Veo sombras que se acortan y un bonito sol que sigue su trayectoria, ajeno a todo lo que aquí pasa y prometiendo volver mañana, para ofrecernos un nuevo amanecer y con él, una nueva oportunidad de vivir y ser felices.

Raúl Díaz