¿Morderías la manzana?

Rozando el medio día y con el estómago más bien vacío que lleno, volvemos a atrincherarnos en un despacho improvisado fuera de la ciudad, de los ruidos, del tráfico, de la realidad…pero cerca de nuestra residencia, en un pequeño pueblo de menos de 2000 habitantes.

Han sido varias las semanas que hemos pasado fuera de casa, en las que hemos vivido toda clase de aventuras y durante las cuales hemos tenido la oportunidad de aprender, reflexionar y sobre todo, meditar.

Como si de un solo día se tratara, recuperamos nuestros hábitos de forma automática, no sin antes sorprendernos por la limpieza de casa que tendremos que hacer lo antes posible, ufff.

“Cae la noche, es tarde y necesitamos un poco de aire fresco, salimos al porche y nos dejamos embriagar por un extenso y casi olvidado manto de estrellas en el que una luna anaranjada suspendida en el horizonte, atrae poderosamente nuestra atención…qué belleza !!!”

Belleza, atracción, morbo,  facilidad, discreción,  fotos insinuantes …uhmmm, qué fácil es relacionarse en las Redes Sociales :-))

Tras más de 5 años en estos medios, me sorprendo por la facilidad con la que las personas abordan a sus “contactos” o “amigos” en busca de un rollo, una noche loca o incluso si surge, una relación…o dos, o tres, nunca se sabe dónde está el límite.

Hace tiempo que utilizo este tipo de medios como herramienta de trabajo, creando mi propia red de contactos “profesionales” con ese único objetivo y no otro, trabajar.

Inevitablemente, existe una fina y delicada línea en la que puedes pasar a gustar a alguien, momento en el cual y si la sobrepasamos, todo se puede ir al traste.

Cuando interactuamos con otros “usuarios” debemos tener mucho cuidado en no fomentar ciertas actividades, ni dar pie a comentarios que nos puedan resultar incómodos, aunque es cierto también que a todos nos suele gustar que nos endulcen los oídos, pero ¿qué pasa cuando tenemos pareja? ¿qué pasa cuando además tiene acceso a toda esa información? ¿y si empiezan los mensajes privados?

¿vale la pena jugar con fuego?

En las Redes Sociales, es muy fácil jugar, dejarse querer e incluso compartir con desconocidos tu estado moral, momento en el cual dejamos la puerta abierta a que los más espabilados aprovechen tal vulnerabilidad para darnos lo que necesitamos, una oreja con la que desahogarnos, un hombro en el que apoyarnos y un brazo en el que sentirnos protegidos…pero ¿es así?

Estoy seguro de que la mayoría de vosotros en algún momento dado ha pasado por esto. Pero me sigo preguntando ¿vale la pena ver a tu pareja sufrir? ¿vale la pena pasarlo mal viendo como tu pareja cuelga fotos sexys y un puñado de desconocidos o “amigos de tus amigos” babosean en su muro para lanzarle después mensajes privados?

En mi caso concreto, me molesta mucho todo este juego. Me molesta que me endulcen los oídos cuando la conversación nada tiene que ver con la foto “colgada” y su contenido, cuando escribo una reflexión y te dicen tonterías que nada tienen que ver con ella, cuando siendo “Raúl” mi nombre utilizan otras palabras o variaciones del mismo, cuando al final y en privado, encuentro mensajes cuyo contenido no es precisamente profesional.

Todo esto y mucho más es lo que pasa en las Redes Sociales cada día, pudiendo llegar al punto de querer abandonarlas cuando ves que tu reputación está en entredicho, por ejemplo.

Todo esto y mucho más, es lo que hace que la vida real llegue a ser incompatible con estos medios, afectando a la armonía del hogar, a la confianza de tu pareja y en definitiva, a tu vida.

En las Redes Sociales podemos compartir, aprender y pasar un rato ameno, que nos haga desconectar por unos minutos, de los problemas que cada día afrontamos.

Pero muchas veces encontramos motivos para todo lo contrario, para enfadarnos y acabar estropeando algo tan bonito como es la vida por algo tan relativo como es lo virtual, que en muchas ocasiones es una puerta para algo más y se acaba con un simple botón, el de encendido/apagado…(on/off)

Raúl Díaz.