Las Reglas del juego

Ya son varios los días en los que el mercurio se ha estancado, rozando los 30ºC.

Como si de una epidemia se tratase, una gran parte de la población ha ido alterando su comportamiento pasando del estrés del día a día a una crispación continua, que se siente nada más salir a la calle.

Mientras que en las plataformas de Internet el desfile de cartelitos con mensajes positivos es contínuo, al salir de casa , ya sea en bares, parques, mercados, peluquerías, puertas de colegios, etc. las conversaciones negativas se han hecho habituales.

No hace falta ser muy observador para ver que las cosas que antes se suponía que iban a suceder, ya fuese a corto, medio o largo plazo, ahora ya no funcionan.

Nada sale como uno espera, ni siquiera aun estando seguro de ello. Es como si alguna Ley Universal se hubiese borrado o desconfigurado.

Teniendo en cuenta la posibilidad de que mis palabras sean acertadas, creo que ha llegado el momento de estudiar muy seriamente cuales son las nuevas reglas, para adaptarse a este nuevo mundo en el que todo se ha desestabilizado tanto.

Un primer paso sería desechar el falso sentimiento de propiedad, ya está más que demostrado que todo lo que adquirimos tiene valor cero, si no hay comprador.

Otro de nuestros grandes pilares, es la vivienda, la cual también nos pueden arrebatar incluso estando totalmente libre de cargas, con tan sólo generar un nuevo pago imposible de cubrir, como por ejemplo creando un P.A.I. (Plan de Actuación Integral).

Otro gran mito ha sido el funcionariado, un supuesto trabajo seguro para toda la vida al cual accedías con una oposición  y que a fecha de hoy se ha convertido en una trampa para mucha gente, que ha visto cómo recortaban drásticamente su nómina sin derecho al pataleo.

En fin, lo que durante décadas era un Sistema que atiborraba de ingentes cantidades de dinero a una barbaridad de “señores” directa o indirectamente, hoy se desmorona estrepitosamente.

¿Habéis visto en alguna ocasión lo que pasa cuando una charca se va secando?

Los peces se van agrupando en el centro, chapoteando con más y más fuerza a medida que el nivel del agua disminuye.

Captada la metáfora, cambiemos la charca por un país y los peces por estos “señores” que todo lo  controlan y cuya última esperanza son unas ayudas externas que nunca podrán devolver, ya que aquí ya no queda dónde rascar.

Una vez tenemos el panorama completo, volvemos a plantearnos el por qué nada funciona y nada sale como se prevé.

En conclusión, debemos entender qué está pasando y qué debemos cambiar, puesto que sólo entonces seremos capaces de superar esta situación y volver a portar una sonrisa como insignia.

Raúl Díaz