Estrellas de barro

Eran las 22h cuando el autobús en el que viajaba detenía su marcha en mitad de la noche. Una carretera fría y oscura invitaba, una vez más, a emprender un largo paseo hasta el calor del hogar, allí en lo alto de la montaña.

Sorprendido por una curiosa niebla, un lejano espectáculo de tintes amarillos se mostraba ante mi. Un pequeño pueblo, el primero que conocí con este tipo de iluminación, se abría paso entre las minúsculas gotas de agua en suspensión, para estrellarse contra el cielo.

Paso tras paso y como en noches anteriores, mi ritmo marcado por el cansancio del día, alcanza la mitad del trayecto, allá donde la tierra se traga el camino, donde los sonidos juguetean contra las paredes, donde tan sólo una luz cobra importancia y a donde todas las miradas se dirigen..un túnel.

Cientos, quizá miles de veces, pasé por aquel lugar…pero sólo en esta ocasión, pude disfrutar de algo que curiosamente, no he podido inmortalizar con la pequeña cámara de mi inseparable teléfono móvil.

Y así quedará guardado el secreto de lo que la noche me regaló, en espera de estar mejor preparado para robar esa bella imagen que la noche en la niebla me regaló, visible bajo ciertas circunstancias e invisible durante el día, y poder compartirla.

Amanece, apresuradamente salgo de casa, subo en la bici y me lanzo colina abajo… La velocidad me hace sentir nuevamente las minúsculas gotas de agua en suspensión contra el rostro, que rápidamente se enfría. Seguimos teniendo niebla, hace frío, el cielo amenaza con llover… El túnel, allí donde todo cambia, ese lugar mágico en el que el sonido se magnifica, esa trampa que tras una noche de lluvia me espera empapado en agua y tierra…

Acabo de despertarme de golpe, he parado en seco, estoy tan sorprendido y al tiempo me siento tan tonto que todas las estrellas que durante la noche dibujaban el cielo, hoy se han estrellado contra mi cara.

Hacía tantos años que no cruzaba un charco en bicicleta, que no recordaba cual sería el resultado, toda mi ropa deportiva, de color negro, incluida la mochila, está graciosamente decorada de barro, color tierra difuminado… Ahora sí que formo parte del paisaje, ji ji.

La vida nos sorprende día a día con situaciones similares, lo único que podemos hacer es sonreír y sacar nuestro lado más positivo para afrontar cualquier inconveniente.

Pienso que lo más importante es que por mucho que intenten despertarnos de nuestros sueños, nunca lo consigan y nuestra respuesta siempre sea la misma, sonreír.

Raúl Díaz.