Desde el silencio… Y por Navidad

Hace tan sólo unos minutos, que la locura de la ciudad se ha transformado en profundo silencio.

Hace tan sólo un instante, que la palabra soledad ha cobrado importancia en todas sus formas.

Hace tan sólo una vida, que el susurro del amanecer ha ido más allá.

A tan sólo unas horas del amanecer y siendo vísperas de Navidad, un ritmo frenético que responde más al consumismo que a la tradición, abarrota el centro de la ciudad.

Miles de individuos, dueños todos ellos de su propia historia, acuden desesperados a realizar las últimas compras antes de que los establecimientos cierren sus puertas…

Una vez más y como año tras año, la llamada de lo “Familiar” provoca millones de desplazamientos, aunque sea por unas horas. Al mismo tiempo, un arroyo de sentimientos nos arrastra contra corriente hasta morir en su nacimiento, en lo más profundo de nuestro ser, en lo más hondo de nuestro corazón y por supuesto, aflorando todos y cada uno de los recuerdos acumulados.

Entramos en unas fechas muy delicadas, en las que si todo va bien, la magia alcanzará todo su esplendor. Pero en caso contrario, en ese supuesto ya tan habitual de que algo o todo vaya mal, los sentimientos negativos aumentarán de tal manera, que darán paso al odio y repulsa por estos fatídicos días.

Aunque supongo, como es lógico y suele pasar, que esta segunda parte es la que no interesa, la que se tapa y la que cuanto antes pase, mejor.

Siempre me han dicho que no hay que hablar de sentimientos personales en las Redes Sociales, pero como muchos sabéis de mi, no soy de seguir reglas impuestas por cuatro señores que acaban de descubrir Internet… Y    bla bla bla.

Soy un tipo solitario, siempre lo fui. A lo largo de mi vida he conocido a miles de personas (no exagero), pero aun así, siempre me he sentido solo. ¿Y a qué viene todo esto? Es sencillo, simplemente no soy el único.

Son muchas las personas que de una u otra manera, pasan por lo mismo, aun teniendo amigos, pareja, hijos, familia…no importa cuanta gente nos rodee, porque en algún momento, ese incómodo sentimiento logra atraparnos.

Hoy escribo estas líneas desde un lugar sagrado, la Basílica De San Vicente Ferrer (Dominicos), en donde un día traje al Coro de Benaguacil y cuyas voces entonaron un “Ave María“, que elevó las almas de los presentes hasta el mismísimo cielo…por unos minutos.

Aquí podemos encontrar a ese gran solitario al que mucha gente conoce y del cual nos acordamos en los momentos más delicados ¿verdad?

Sigo perdido en el tiempo, dejando correr los minutos, rodeado de inmensas columnas y piedras centenarias, envuelto en el más sepulcral silencio roto osadamente por las teclas de mi portátil.

Hoy me planteo si hacer esto es considerado un sacrilegio o simplemente una novedad, algo diferente, algo curioso…no lo sé, simplemente, lo hago.

Hoy quiero compartir este sentimiento con todas esas personas a las que conozco y se sienten solas, y con todas esas que quizá algún día conoceré o simplemente no, y les pasa/pasará lo mismo.

Os deseo unas Felices Fiestas, en las que de alguna forma, compartir esta lectura os abrigue y haga sentir un poco mejor.

Yo, pese a no tener a Papa Noel en mi Facebook ni Twitter, voy a hacer una visita a sus renos, con los que me llevo muy bien, ji ji.

La vida sigue y nosotros con ella, disfrutadla.

Raúl Díaz.