Contradicción.

Hace un par de horas que amaneció, como tantos otros días, hemos salido a correr con las primeras luces del alba descubriendo así, un mundo diferente.

Son casi las 08h, nuestro segundo café ya está servido en nuestro ya conocido “despacho improvisado”. Volvemos a desayunar en el “Ateneo Musical y Mercantil” un lugar tranquilo en donde uno a uno se van congregando sus “socios” y que de vez en cuando recibe la visita de algún foráneo como yo.

Hacemos una pequeña pausa para dejarnos llevar por el aroma del “oro negro“, (en esta ocasión con hielo y limón) momento en el cual otro pensamiento o quizá inquietud se pasa por nuestra mente…

Desde hace algunos meses, el tiempo que invierto en reflexionar se ha ido incrementando, llegando a la conclusión de sentir la necesidad de conocer otros puntos de vista y poder contrastar opiniones.

En esta vida, la mayoría de nosotros hemos seguido unos estereotipos muy arraigados, por encima quizá de las costumbres y que definen un estilo de vida, concretamente, el tema sentimental o de pareja.

Desde jóvenes, surge la inquietud de compartir nuestras vidas con alguien, de tener descendencia y de mantener un estado óptimo de felicidad, estabilidad y como no, paz.

Pero los tiempos cambian y las personas con ellos. Aquellas relaciones (para toda la vida) empiezan a extinguirse y, aguantar una situación que no funciona como nosotros queremos, implica un mayor número de relaciones y por consiguiente, de roturas.

Corren tiempos extraños en los que desconocemos lo que nos deparará el día. No sabemos en qué momento una silueta dibujada en el horizonte llamará nuestra atención, el susurro de su voz traída por el viento acariciará nuestros oídos y, una sonrisa quizá al cruzarse con nosotros, destrozará toda nuestra coraza sentimental para trasladarnos al mundo de los sentimientos…no lo sabemos.

Con el paso de los años, las palabras “amor” y “querer” han sido vanamente prostituídas, utilizadas sin sentimiento alguno, alejadas de la verdadera esencia, que yo al menos entiendo.

Sinceramente, sigo creyendo que el amor está por encima de todo, pero es una opinión cada vez más aislada. Las personas cambian y la razón se impone a los sentimientos. No nos aguantamos, siempre estamos expuestos “a examen” y la desconfianza es una sombra que acecha.

De una u otra manera, seguimos soñando con encontrar al amor de nuestra vida, compartirlo todo y vivir felices para siempre, pero ¿qué pasa cuando lo conseguimos? ¿es realmente lo que queremos?

Es esta pregunta la que ayer mismo atrajo toda mi atención ¿estamos preparados para tener una familia? y más importante aún ¿es lo que realmente deseamos?

Aunque teóricamente son preguntas sencillas, la respuesta no lo es tanto. Mientras tiempos atrás seguíamos todo un proceso de vida en pareja, ahora nos podemos encontrar (y es lo habitual) con una familia ya consolidada en la que uno de los pilares se ha derrumbado (espero que se entienda la expresión).

La pregunta entonces habría que adaptarla también ¿estamos preparados para entrar en una familia con todo lo que ello implica? Supongo que la segunda cuestión es igual, pero con diferente matiz ¿es lo que realmente deseamos?