A la deriva…

Es muy tarde, la noche ha caído con plenitud y las últimas horas de actividad, se van consumiendo rápidamente.

Son varios los cafés que quedaron atrás, un par de reuniones y un ritmo de idas y venidas a la ciudad, que se asemejan a la locura de subidas y bajadas de temperaturas que están azotando la península.

En medio de todo este caos y un tanto agotado, una pequeña y ya legendaria cafetería (El Trina) situada en el mismo centro de una de las arterias principales de la ciudad de Valencia, me servirá de refugio durante unos minutos, en los cuales, una infusión bien caliente y la imagen que ayer mismo capturaba en el municipio en donde resido, y la cual he estado a punto de borrar en varias ocasiones, me acompañarán para ver la luz a través de esta pequeña pantalla…

Reconozco que hace tiempo que he desconectado del mundo real para centrarme en mi trabajo. No quiero saber de tragedias, catástrofes, dolor, llantos y un sin fin de contradicciones que, al encender el televisor, me bombardean a través los informativos.

Salir a la calle es pura contradicción, insisto, por un lado las palabras más oídas son “recortes” y “desahucios“, por el otro todo lo que ciertos señores defraudan con total impunidad. Nuestro país se desmorona y todo sigue girando en torno al dinero.

Son cientos de miles o quizá millones, las personas que tienen estudios universitarios, másters y cursos privados de alto nivel, pero en lugar de ponerse de acuerdo y hacer que la economía funcione, simplemente no pasa nada…nuestro barco sigue a la deriva ¿para qué sirve tanta preparación? ¿nadie puede hacer nada?

Y esta es la realidad, igual te encuentras un flamante coche a las puertas de un lujoso hotel, que una anciana rebuscando en lo que se supone, es basura.

Lo curioso es que tanto una como otra imagen, son reales y conviven…lo que me da miedo es que al final, la pesadilla que vive esta mujer (y cada vez más familias) se transforme en un nuevo estilo de vida.

Nuestro país se ha transformado en un circo, las manifestaciones son diarias y los Cuerpos de Seguridad del Estado, acaban siendo siempre los protagonistas. El tema es desviar la atención del problema real ¿verdad?

Indignación, eso es lo único que pasa por mi cabeza cuando levanto la mirada en la calle y veo que cada uno sigue su camino, que a los que alzan la voz se les desprestigia y silencia, y que los que están arriba siguen llenando sus bolsillos.

No tengo ni idea de política ni me interesa, no hablo de religión ni la practico…pero tengo ojos, oídos y algo de sentido común, el cual, me dice que esto no va a acabar bien.

Pero aun con todo esto, no podemos parar, hay que seguir luchando día a día sin tirar la famosa toalla, que a fecha de hoy, ha pasado a ser de tela…a desechable.

Raúl Díaz.