Dentro de la evolución de los artículos de montaña, hay algo que destaca por encima de manera exponencial, la iluminación.

Un poco de Historia

Si remontamos en el tiempo y nos detenemos unos 40 años, recordaremos con nostalgia aquellas resistentes linternas de petaca, con una bombilla de recambio en el interior y una pesada pila salina de 4,5V ¿Os suena? Creo que a fecha de hoy siguen circulando, quizá con modelos más avanzados, pero manteniendo la misma línea rectangular.

Más tarde, aparecieron las bombillas alógenas (de 3,8V a 6V), las cuales ofrecían una luz más blanca y potente, pero que disparaba el consumo, lo cual propició la aparición de las pilas alcalinas.

En el mercado del camping, teníamos otra versión muy extendida, los farolillos de gas. Luz regulable, mayor duración y us sonido típico en la combustión que ya forma parte de muchísimas familias 😉

En mi caso, os puedo decir que las he probado prácticamente todas y me quedo con la que ahora conoceremos, la LED.

Iluminación LED

La bombilla LED ha revolucionado el mercado, tanto a nivel de iluminación portátil (linternas) como de media tensión (casas) e industrial (por ejemplo alumbrado público). Pero como de lo que se trata es de hablar de movilidad, volvamos a lo nuestro.

Hablamos de un elemento electrónico que dista mucho de considerarse «bombilla». No tiene gas en su interior, no tiene cristal, la mayoría de ellos emiten muy poca calor (según potencia), su duración es increíble y sobre todo, apenas consumen ¿Qué más se les puede pedir?

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