La Chispa de la Vida

Acaba de llegar el verano al Mediterráneo. Se puede decir que de la primavera ni nos hemos enterado.

Habiendo superado el ecuador de la mañana y tras un par de días realmente extraños, y no por la inestabilidad atmosférica, sino por un bajón de moral en toda regla, supongo que llega un momento en el que el cuerpo y la mente te pasan factura. Y no es una suposición, es toda una realidad.

Hoy vuelvo a sentirme bien, recuperado y con la mente más despejada.

Lo curioso es que este blog me lleva de cabeza. Sé que para muchos compañeros el problema está en generar contenidos, en cambio para mi, está en que todo tenga sentido, coherencia y que una explosión interior lo ponga en marcha.

Y sí, esto en concreto es lo que me lleva de cabeza, la chispa, esa chispa. Algo como la gasolina en un motor de explosión. No sé si me explico, pero es así. Tengo las herramientas, los conocimientos básicos para echar a andar y una dilatada experiencia como viajero nómada que pelea por establecerse en el mundo virtual.

Sigo mirando la taza de café, como cada día, con detenimiento, dejándome llevar por el disperso aroma que invade la estancia y que se escapa sutilmente.

Como cada vez que escribo, me libero de la carga emocional del reloj, mi viejo y querido Suunto, con el que tantas experiencias he compartido y que siempre ha estado ahí, en los lugares más difíciles, para avisarme. Como si fuese mi protector, de la altura a la que me pudiese encontrar y/o de los peligrosos cambios de presión atmosférica, que invitan a buscar rápido refugio.

Me siento ligero, es algo extraño, pero es así, como si de repente, todo el peso de lo vivido reposase en la mesa, con ese testigo del paso del tiempo, con ese buen amigo en lo bueno y en lo malo.

Dejo caer las manos e