MI EXPERIENCIA EN SOLITARIO

Quizá para muchos sea una tontería, pero cuando te lanzas a vivir en solitario una aventura así, las cosas cambian y mucho.

No hablamos de la típica salida de fin de semana en la que quedas con alguien y metes todos los trastos en el coche, sin importar destino y con la certeza de que a malas, el mismo vehículo te sirve de protección. Tanto para dejar las cosas en el interior a modo de “almacén” como para transformarlo en una habitación donde dormir, o incluso, y en más de una ocasión me ha sucedido, pasar largas horas atrapado en la nieve, alguna fuerte tormenta o una lluvia torrencial (que no es lo mismo, aunque lo parezca).

Estamos hablando de jugar en otra liga, de ser conscientes de que cualquier error en planificación repercute directamente en el buen funcionamiento del viaje y de que en caso de que pase “algo”, sea lo que sea, debemos ser capaces de solventar la situación por nuestros propios medios.

Con todos estos datos y sin pensarlo dos veces, decidí ser lo más responsable posible y hacerlo a mi estilo “Sobre la marcha”.

Ji ji ji, lo sé, parece una locura, pero soy así. Me encanta viajar sin horarios, sin un destino fijado, sin mapas, sin condicionantes. Tan sólo una sonrisa al final de cada jornada, tras la incertidumbre de lo desconocido y la emoción de la sorpresa.

La satisfacción de disfrutar de cada kilómetro, de cada minuto, de cada sentido. Así es como lo hicieron los primeros nómadas, aquellos legendarios exploradores, los grandes viajeros y ahora también, nosotros.

Por otra parte, está claro que cuando hablamos de ir a los Alpes, pensamos en llegar a Chamonix y hacer allí la primera noche y que a partir de ese momento, empiece todo (es la ventaja de haber viajado durante una década a este precioso sistema montañoso).

Pero las cosas cambian a cada minuto y lo debemos tener en cuenta. Los Alpes son así, una sorpresa continua en la que no hay que dar nada por hecho.


Podemos imaginar una jornada soleada y encontrarnos un amanecer nevado, podemos planear subir hasta la Aguja de Midi para deleitarnos con un paisaje que pensamos nos dejará atónitos, y encontrarnos dentro de un mar de nubes que impiden ver más allá de nuestra nariz. Podemos planear mil cosas y enfrentarnos una y otra vez con esa Naturaleza Salvaje de la que un día me enamoré.

Incluso más allá de cualquier previsión, podemos encontrarnos con una jornada festiva en la que nuestra intención de ir de tiendas, se desmorona, ji ji.

Por todas estas razones, podemos programar mil y un viaje para recorrer los miles de kilómetros cuadrados que abarcan valles e increíbles cimas, que los Alpes serán los que digan la última palabra ¿Estamos dispuestos? La respuesta es sí, ni lo dudes. Porque los Alpes ¡Nunca decepcionan!

Llegado a este punto, me gustaría hacer un inciso ¿se dice así?

Bueno. Sé que habitualmente, cuando se entra en un blog de viajes lo habitual es encontrarte algo así como:

  • Destinos que visitar
  • Lugares donde comer
  • Alojamientos recomendados
  • Etc, etc, etc.

Pero no, en este caso no es así. Es cierto que en algún momento, todos esos puntos aparecerán en mis escritos pero no de la manera en la que estamos acostumbrados. Nómadas VIP no es así.

Aquí quiero ir más allá, compartir cosas personales, basadas en experiencias reales y por ello, aunque con este artículo pienses “Madre mía, qué rollo está soltando” sé que algún día dirás: “¡Juas, Raúl tenía razón, me está pasando lo mismo que él decía!”

Sí, desde ya te digo que con toda esta introducción podrás entender, sentir e incluso vivir, todo lo que viene a continuación. Porque sí, ese es mi principal objetivo, compartirlo de tal manera que aunque no puedas visitar en tu vida los mismos lugares que te voy a mostrar, al cerrar los ojos puedas decirte a ti mismo “Me siento ahí”.