«Estoy confundido, distraído e incluso bloqueado. Llevo tanto tiempo sin dejar que las manos viajen libremente por el teclado, que cerrar mis ojos y buscar los recuerdos del último viaje, parece misión imposible.

Por fin es primavera, aunque más que un primer día, parece la continuación del invierno. Y con ese intenso sentimiento a gélido ambiente, me sumerjo en el mundo de los recuerdos…»

La Llamada de Lorena 

Noviembre de 2017, domingo. El último autobús hace tiempo que pasó, estamos viviendo un invierno muy frío a orillas del Mediterráneo y un discreto mensaje rompe el silencio de un tranquilo y casi extinguido domingo. Desde el otro lado del Charco, tan solo unas palabras:
Raúl, Todo está dispuesto

Sorprendido, mi corazón empieza a bombear con fuerza y puedo sentir sus fuertes palpitaciones en el pecho. No hay tiempo, tengo que salir de casa.

Con una chaqueta a medio cerrar, un par de guantes en el bolsillo y casi una hora de camino por delante, los pasos empiezan a sumar rápidamente. La noche es negra y millones de estrellas decoran el cielo, pero no alcanzo a verlas, en mi mente sólo está esa frase: Raúl, Todo está dispuesto

Tras unos mágicos 45 minutos, estoy en la rotonda de entrada a Turís y más que sangre en las venas, siento gasolina, mi corazón va a mil…

Pero me detengo en seco ¿Estoy soñando? ¿De verdad que esta situación, la cual debería ser habitual, puede provocar tanta emoción en mi?

Sí, rotundamente. Y no por el simple hecho de que el proyecto tenga la financiación necesaria para echar a andar, sino porque una persona a la que nunca he visto, a miles de kilómetros de mi y sin negociación alguna, haya creído en mi proyecto, haya creído en todo lo que puedo ofrecer y haya creído en mí.

Sí, así es, lo lamento profundamente, pero es nuestra realidad. Dicen que nadie es “Profeta en su Tierra” y una vez más, doy fe.

Supongo que en algún momento escribiré sobre todo lo que supone quedarte sin trabajo, ver como tus ahorros se esfuman en manos de un Ayuntamiento que te roba con total impunidad, y de un Sistema que te sangra y endeuda sin piedad. De lo que pasa cuando todos esos supuestos amigos, desaparecen como arena de mar entre los dedos de las manos.

Sí, todo lo que sucede cuando esa gente que te animaba a pedir ayuda si la necesitabas es la primera es volatilizarse, y el profundo vacío que se produce en tu vida cuando las cosas van mal.

También te hablaré de gente tóxica y muy especialmente de una curiosa Especie recién descubierta en mi vida, que huele el miedo y la necesidad, que te acecha, te vigila, se aproxima disfrazada de cordero y espera el momento oportuno para lanzarse en busca de tu debilidad y aprovecharse de ti. Quizá pienses que nada tiene que ver con esto de viajar, pero no olvides que al final, todo cuenta.

Sí, también te hablaré de tocar fondo, de tomar decisiones, de un antes y un después, de levantarte una vez más, de empezar a crear una nueva vida de la nada y de emprender desde la sombra.

Y sí, todo esto es lo que pasa por la mente de un servidor, en tan sólo un segundo. Para después, sentir el silencio, la soledad y volver a una realidad que duele, pero que ya no es la mía. Nunca más.

Sigo caminando, ahora más despacio, ya no hay prisa. Recupero la respiración, vuelvo a sentir el frío, las luces me deslumbran, pero no importa, ya no es relevante.

Frente a mi, la imponente Iglesia de Turís, bella, majestuosa y cuyo punto más alto, se pierde en el cielo.

Bajo la mirada y las calles están desiertas, unos pasos más y puedo enfrentarme a eso que conocemos como “cajero automático”. Y pienso ¿Cuántas historias conocerá esa inmóvil maquinita? ¿Podrá adivinar lo que siento? ¿Será capaz de ver cómo las pupilas de mis ojos se dilatan e iluminan al descubrir que otro sueño se ha hecho realidad?

Preguntas y respuestas que morirán esa misma noche… O no 🙂

Vuelvo a casa, es media noche. Otra hora por delante, sonriente, tranquilo e ilusionado, me espera.

Otro paso más. Es mi turno. Ahora me toca mostrar lo que soy capaz de hacer. Mi promesa es ir a los Alpes y llegar a Chamonix. ¿Cumpliré con mi palabra? Dos semanas siguiendo las previsiones de un duro invierno pueden ser un contratiempo.

Empieza la Aventura.

Un Primer Café

Han pasado ya 3 años desde que en 2015 decidí cambiar mi vida por completo y hacer que todo eso que me hacía sentir, pasase a ser un medio de vida. Tenía una experiencia que contar, mil aventuras que vivir y un blog. Pero me faltaba un empujón, ese que pone en marcha todos esos engranajes que permiten que Nómadas VIP, cobre vida.

Media mañana, acabo de llegar a la cafetería. Tras de mi, fuertes rachas de viento y una marcada caída del mercurio pelean por atraparme. Pero ya es tarde, la protección del cristal y el calor de una vieja chimenea me ofrecen protección.

Es la hora, el ritual que sólo un buen café puede ofrecer, ha comenzado. Es mi “Momento Café”

Con signos evidentes de emoción y una sonrisa de oreja a oreja, la llamada de Lorena Rivers me hace regresar a la realidad.

“Raúl ¿Lo tienes? ¿Te ha llegado todo?

Sí Lorena, lo tengo, gracias. Aunque el banco de aquí también se ha llevado algo. Pero bueno, ya es firme: ¡Empieza la Aventura!”

Desde ese mismo momento, todas las ilusiones, esperanzas, horas de trabajo, sueños, ideas, situaciones imaginadas… Todo, todo, todo, cobraba vida.

Atrás también, la realidad de quienes te habían ayudado, los que habían permanecido a tu lado, y los que no. Sobre todo estos últimos, los que no merecen ni mención por mi parte.

Y es así, una gran verdad que merece unas breves palabras, sin resentimiento, pero con mayúsculas.

Porque cuando las cosas te van mal, siempre hay quien se aprovecha de tu situación, personas que van de cordero y son verdaderos lobos (uff, os sorprendería la cantidad que hay cerca de nosotros), y de quienes, aunque no lo parezca, he aprendido mucho.

Pero regresamos a nuestro improvisado despacho de campaña, a nuestras infinitas notas sobre papel, a nuestro destino propuesto y a un presupuesto inicial que nos permite tirar adelante. Una vez más…

¡Nos vamos a los Alpes!

Alpes 2018

¿Y si os dijese que es un viaje más? Pues no, no lo es y si supusierais lo contrario, os aseguro que sería una gran equivocación. Ante mí se presentaba un nuevo «antes y después» en mi forma de viajar, de sentir y de compartir.

Nos sumergimos de lleno en la preparación de un viaje muy diferente a los anteriores, incluso coincidiendo en localizaciones las cuales utilizaría como meras referencias. Hablamos de un viaje a países de idiomas diferentes al mío, de una aventura en solitario, de un destino llamado “Alpes” y de una estación llamada “Invierno”.

Así pues, todo esto suma un cóctel más que explosivo. Es algo que no se puede expresar con palabras, pero también es cierto que muchos de vosotros lo pudisteis descubrir a través de mis vídeos durante la aventura. Sí, fue un viaje en el que de alguna manera, muchos formamos parte. 

Porque sí, en este viaje sentí el impulso de ir más allá de la fotografía que tanto me gusta, necesitaba expresarme de otra manera y recurrí a pequeñas grabaciones en video de esos instantes sumamente especiales vividos por un servidor, para compartir en ese mismo momento.

Así fue mi primera nevada en Chamonix, a media noche y en manga corta.

…O la ventisca que me obligó a volver al tren en una de mis excursiones a la vecina Suiza.

…O incluso el mismo día de vuelta, cuando a tan sólo dos horas de partir en dirección a Ginebra, lo que había empezado como una bonita caída de copos, pasó a ser una gran nevada que amenazó con paralizar el tráfico rodado y atraparme en el mismo corazón de los Alpes.

Pero regresemos al café, a esos primeros preparativos, al sentido original de este viaje y a lo que, durante las dos semanas que duró la experiencia, pudimos descubrir.

Un viaje, en Solitario

Quizá para muchos sea una tontería, pero cuando te lanzas a vivir en solitario una aventura así, las cosas cambian y mucho.

No hablamos de la típica salida de fin de semana en la que quedas con alguien y metes todos los trastos en el coche, sin importar destino y con la certeza de que a malas, el mismo vehículo te sirve de protección. Tanto para dejar las cosas en el interior a modo de “almacén” como para transformarlo en una habitación donde dormir, o incluso, y en más de una ocasión me ha sucedido, pasar largas horas atrapado en la nieve, alguna fuerte tormenta o una lluvia torrencial (que no es lo mismo, aunque lo parezca).

Estamos hablando de jugar en otra liga, de ser conscientes de que cualquier error en planificación repercute directamente en el buen funcionamiento del viaje y de que en caso de que pase “algo”, sea lo que sea, debemos ser capaces de solventar la situación por nuestros propios medios.

Con todos estos datos y sin pensarlo dos veces, decidí ser lo más responsable posible y hacerlo a mi estilo “Sobre la marcha”.

Ji ji ji, lo sé, parece una locura, pero soy así. Me encanta viajar sin horarios, sin un destino fijado, sin mapas, sin condicionantes. Tan sólo una sonrisa al final de cada jornada, tras la incertidumbre de lo desconocido y la emoción de la sorpresa.

La satisfacción de disfrutar de cada kilómetro, de cada minuto, de cada sentido. Así es como lo hicieron los primeros nómadas, aquellos legendarios exploradores, los grandes viajeros y ahora también, nosotros.

Por otra parte, está claro que cuando hablamos de ir a los Alpes, pensamos en llegar a Chamonix y hacer allí la primera noche y que a partir de ese momento, empiece todo (es la ventaja de haber viajado durante una década a este precioso sistema montañoso).

Pero las cosas cambian a cada minuto y lo debemos tener en cuenta. Los Alpes son así, una sorpresa continua en la que no hay que dar nada por hecho.


Podemos imaginar una jornada soleada y encontrarnos un amanecer nevado, podemos planear subir hasta la Aguja de Midi para deleitarnos con un paisaje que pensamos nos dejará atónitos, y encontrarnos dentro de un mar de nubes que impiden ver más allá de nuestra nariz. Podemos planear mil cosas y enfrentarnos una y otra vez con esa Naturaleza Salvaje de la que un día me enamoré.

Incluso más allá de cualquier previsión, podemos encontrarnos con una jornada festiva en la que nuestra intención de ir de tiendas, se desmorona, ji ji.

Por todas estas razones, podemos programar mil y un viaje para recorrer los miles de kilómetros cuadrados que abarcan valles e increíbles cimas, que los Alpes serán los que digan la última palabra ¿Estamos dispuestos? La respuesta es sí, ni lo dudes. Porque los Alpes ¡Nunca decepcionan!

Llegado a este punto, me gustaría hacer un inciso ¿se dice así?

Bueno. Sé que habitualmente, cuando se entra en un blog de viajes lo habitual es encontrarte algo así como:

  • Destinos que visitar
  • Lugares donde comer
  • Alojamientos recomendados
  • Etc, etc, etc.

Pero no, en este caso no es así. Es cierto que en algún momento, todos esos puntos aparecerán en mis escritos pero no de la manera en la que estamos acostumbrados. Nómadas VIP no es así.

Aquí quiero ir más allá, compartir cosas personales, basadas en experiencias reales y por ello, aunque con este artículo pienses “Madre mía, qué rollo está soltando” sé que algún día dirás: “¡Juas, Raúl tenía razón, me está pasando lo mismo que él decía!”

Sí, desde ya te digo que con toda esta introducción podrás entender, sentir e incluso vivir, todo lo que viene a continuación. Porque sí, ese es mi principal objetivo, compartirlo de tal manera que aunque no puedas visitar en tu vida los mismos lugares que te voy a mostrar, al cerrar los ojos puedas decirte a ti mismo “Me siento ahí”.

Equipamiento 

Llevo un par de semanas siguiendo la evolución de la meteorología del país vecino, y la cosa no pinta bien. Temperaturas de 15ºC bajo cero durante la noche y grandes nevadas.

De hecho, dicen que hacía ya 3 años que no veían tanta nieve. Pero eso no me va a detener, además de que me gusta el frío y me encanta la nieve, este bonito escenario ofrece otro tipo de posibilidades. Así que vamos allá, toca ropa de invierno, ji ji.

El primer paso es imaginar cómo será nuestro viaje y qué intentaremos hacer. No es lo mismo hacer base en un lugar e ir haciendo pequeñas escapadas que tener que moverse de un lado a otro cargado como un burro. Así que como es un viaje “sobre la marcha”, debemos estar preparados para todo.

Las Maletas

Teniendo como condicionante que viajamos en transporte público, me decido por la Roncato, la más grande de mis maletas rígidas con más de 100l de capacidad, la Longhaul 26 de The North Face con 75l  y mi inseparable Mammut, una mochila de ataque de 30 litros destinada al transporte de material de escalada, pero que utilizo a diario desde hace años para llevar mi despacho de campaña (portátil, libreta de notas, disco duro, gafas de sol, linterna, etc., ji, ji)

Por cierto, todo mi equipamiento está personalizado, por lo que os iré dejando links para que lo conozcáis mejor y saber para qué sirve y el por qué de mi elección.

(En este viaje destacaré la The North Face)

El Calzado

Esta ha sido una de las elecciones más importantes. Cuando nos planteamos varios días en contacto con la nieve, optamos por un calzado de carcasa plástica y botín extraible. Ya tenemos nuestras Botas de Nieve.

Tras este paso, el calzado típico, zapatillas para ir cómodo en transporte público (o coche), unas Botas de Montaña para movernos durante toda la aventura. El calzado para refugio o albergue siempre es a tener en cuenta.

La Primera Capa

Calcetines adecuados para los 3 tipos de calzado, no olvidemos que cuanto más técnicos, mejor. Además de que hablamos de condiciones de frío extremo. Mejor prevenir ¿verdad?

Ropa Íntima, al igual que los calcetines, sintética. Evitaremos rozaduras, malos olores y además de menor peso, nos ofrecerá un secado rápido, tanto de sudor como tras un lavado.

Mallas térmicas. Dan mucho juego. Su uso se ha extendido a muchísimos deportistas. Las mías son interiores, así que las utilicé bajo unos pantalones cortos (para habernos matado, ji ji).

Camiseta térmica. Sí o sí. Con las mismas cualidades que las mallas. Bajo ciertas condiciones, puedes utilizarlas todo el tiempo.

Guantes. Una de las herramientas más importantes y sin los cuales, nunca salgo de casa. Pero hablamos de una primera capa, por lo que deben de ser cómodos, transpirables y que te permitan incluso utilizar otros de mayor protección encima de ellos.

Buff. Una increíble prenda que muchísima gente a día de hoy, desconoce. Siempre lo llevo siempre encima y da mucho juego.

La Segunda Capa

En este caso sólo de la parte superior. Es decir, dos suéter técnicos y una chaqueta, todos ellos polares.

Y claro, mis pantalones de invierno, con un toque elástico y que en este viaje me han sorprendido gratamente.

La Tercera Capa

Aquí volvemos a recrearnos.

Guantes, imprescindibles, calientes y transpirables. Pensando siempre en nieve, agua y viento gélido.

Pantalón, uno impermeable que al tiempo me ofrecía protección para la nieve. De esos que te puedes poner sin quitar el calzado.

Chaqueta ligera de pluma, la utilicé casi todo el tiempo.

Otra de pluma para condiciones severas de frío.

Y dos chaquetas impermeables, la primera de entrenamiento (muy ligera) y la segunda, mucho más potente, de esas con las que aunque se rompa el cielo, te hacen sentir seguro.

Accesorios

¿Sabéis cuántas veces hice y deshice la maleta, incluso minutos antes de salir de casa? Mejor no os lo digo, ji ji.

Pues sí, es increíble todo lo que se puede meter en una maleta y que al final, puede hacer falta o no. Y ese es mi problema, acostumbrado a viajar en coche y llenarlo hasta arriba, el tener que limitarme a un par de maletas y además tener que arrastrarlas no se sabe cuánto tiempo ni por dónde, era todo un reto.

Pero son cosas que forman parte de la Aventura y no por ello menos importante. Si quieres saber cómo cargar una maleta, no te preocupes, en este blog aprenderemos a hacerlo.

Equipo de cocina. Opté por un vaso con hornillo incorporado. Es una pasada, sobre todo en condiciones extremas. Aunque no es para cocinar realmente, más bien para calentar. Quería evitar peso.

Equipo de Acampada. Saco de dormir de pluma (aunque no era la decisión más acertada), una esterilla auto hinchable y una tienda de campaña para 3 personas. Por supuesto, hablamos de material técnico indicado para mucho frío.

Equipo de escalada/randonnée. No sabría viajar sin cuerdas, mosquetones y un arnés.

Además de un piolet, unos palitos y crampones. La nieve es muy bonita, pero cuando hablamos de hielo, todo cambia y nuestra seguridad es lo primero.

Gafas de ventisca, gafas de sol y casco para esquiar, el kit perfecto. Insisto que una caída por culpa del hielo, te puede dar un buen susto, incluso dentro de casco urbano.

Equipo Tecnológico. Mi inseparable linterna frontal (recargable), un Power Bank, el equipo de fotografía, (trípode incluido), el portátil y un móvil (celular).

Además de todos los cargadores pertinentes. Respecto al adaptador para enchufes en otros países, no lo utilizo.

Pero no nos enrollamos más con todo esto. Así que…

¿Nos Vamos a Ginebra?

Valencia-Ginebra

Como en tantas cosas de la vida, hay veces en las que algunos detalles se escapan de nuestro control. Pequeños imprevistos que nos obligan a pedir ayuda, por ejemplo. Y es en este punto en el que antes de seguir escribiendo, debo agradecer a Emilio J.Pérez, Semhane Khelil y Maite Benlloch su ayuda directa en los preparativos del viaje, su desarrollo e incluso después, al llegar a casa. Gracias 🙂

Pero sigamos, que me pongo melancólico y empiezo a decir tonterías, ji ji ji.

Salimos de Valencia (España) y hacemos una primera escala en Barcelona donde cambiamos de vehículo y empezamos la ruta internacional.

Debo comentar que este primer y más corto trayecto (350kms) me provoca una pequeña lesión en el coxis gracias a un autobús “Vintage” y asientos relativamente pequeños para mi tamaño. Y voy más allá, es la segunda vez que me ocurre con la misma empresa. El dolor me duraría al menos 4 días más.

Pero estamos dirección Lyon (Francia) y ya se siente ese ambientecillo internacional. Estoy a punto de salir de España y eso siempre me emociona, ji ji.

Habiendo dormido poco la noche anterior y dolorido por el trayecto, me doy cuenta de que las horas que debo pasar en Lyon van a ser duras. En verano de 2017 estuve varios días allí y no me apetecía estar así, en aquella estación. Sí, durante el día hay mucha vigilancia y hasta patrullas de soldados, pero en la noche… Pues va a ser que no.

Así que en el mismo bus y tras una larga conversación con el chófer (no sé lo que pasa pero siempre acabo haciendo amistad con ellos, ji ji) me recomienda que reserve una habitación y descanse.

En este punto, gracias a las tecnologías y conociendo la zona, acabo pasando la noche en un hotelito al que os aseguro que nunca más volveré. Y no sólo por el derroche de simpatía en recepción, o por el ambiente extremadamente viciado a tabaco en cada rincón del hotel. ¡¡¡Qué narices!!!

Tuve que dormir con la ventana abierta y unos cuantos grados bajo cero al exterior, con las maletas los más ventiladas posible y sin poder sacar nada de ellas. La ropa de montaña al igual que está preparada para evitar el olor corporal, es como una esponja de olores externos. No fumo y cuanto más lejos de ese desagradable olor, mejor.

06:30h, estamos de nuevo en carretera, siguiente escala, Ginebra.

En este punto hablaremos de la importancia de las Redes Sociales, los “grupos” y la gente genial que he ido conociendo y que me han brindado tiempo, hospitalidad e incluso café, ji ji.

Y así es como, a las 08h y con un frío que pela, Sara, Administradora del grupo de Facebook “Españoles en Ginebra 2” me recibió en la estación, dio la bienvenida a la ciudad y me invitó a tomar un café con una muy divertida conversación.

Además, cuando vio cómo iba de cargado, me llevó hasta la casa donde me alojaría varios días. Comentar también que esta simpatiquísima andaluza, estuvo atenta a todas mis dudas durante el tiempo que estuve allí.

¿Sabéis? Ginebra es una ciudad no muy grande, pero súper interesante. Me la recorrí andando de arriba abajo, conocí a un montón de gente y al final conseguí sentir su esencia.

Me gusta ser uno más, andar despacio, observar cómo funciona la vida a mi alrededor y sentir, sentir el pulso de la ciudad.


La lluvia es diferente, no molesta, nada se detiene, todo sigue su ritmo y curiosamente, no tengo prisa por volver, de hecho, tengo toda la ciudad por descubrir.

Cae la tarde y regreso a la casa donde ya esperan mis anfitriones, una joven pareja que a través del mismo grupo que Sara, me ofrecieron lo más importante para cualquier viajero, un lugar donde resguardarse del frío y un plato caliente. Bueno, en realidad fue mucho más, incluido productos típicos de la tierra, buenas conversaciones viajeras y café, mucho café, ji ji.

Muchas gracias Marta y Sacra, os debo una postalita 😉

En realidad cualquier viaje puede tener una cantidad de contenido increíble, pero en esta ocasión, debemos seguir nuestro camino dando gracias a todos los amigos que como digo, me ofrecieron una parte de ellos. Saludos también a la oficina de turismo de Ginebra, porque hay gente muy enrollada y sigo teniendo suerte de conocerla 🙂

Ginebra- Chamonix, no me lo puedo creer, la emoción me embarga y la incertidumbre también. Llevo varios días fuera de casa y no puedo evitar sentir añoranza, pensar en el día a día, el resultado de mi trabajo, los 3 años tras una pantalla con cientos de cafés a la espalda, imaginando, soñando y los rostros de esos vecinos que todavía no saben a qué me dedico, qué hago siempre tecleando, por qué publico tantas fotos y un sinfín de suposiciones más.

Pues sí, como ya he dicho en alguna ocasión “Somos lo que hacemos” y este viaje es mi mejor tarjeta de presentación.

«Mi nombre es Raúl Díaz, soy viajero de toda la vida. Amo la fotografía, aunque no entre en esos canales que suelen encasillar, y me apasiona la Comunicación, el poder compartir.»

Publicar una foto y esperar impaciente a que alguien la vea y diga algo, el poder transmitir mis sentimientos y experiencias a través de las palabras, de la magia del lenguaje escrito y ahora también, del video. Ese medio que tanto conozco y el que nunca me atreví utilizar. Sí, soy vergonzoso, aunque nadie me cree, ji ji.

Uff, es increíble, intento escribir y mi mente se pierde, me siento allí una vez más, en ese último tramo de descubrimiento. En esos recuerdos que se presentan ante mi. Siento Chamonix, siento la emoción y por supuesto, el chófer se parte conmigo.

Una vez más, coincido con un tipo genial, divertido y que me pone al día sobre cómo funciona la vida en Ginebra. Además y como pasa en algunas películas, será él también el que me lleve de vuelta a Ginebra y sea testigo del final de mi viaje. Un viaje que calculaba de una semana y acabó sumando días hasta los 12 ó 13, ni me acuerdo.

Más que saludos, un abrazo Joaquin.

Chamonix

Mientras los primeros rayos de sol pelean por derretir esas caprichosas estalactitas de hielo que decoran las cientos de cornisas que vigilan la ciudad, al tiempo que millones de gotitas de agua se precipitan al vacío, una de ellas, con una pericia que va más allá de la lógica, se desliza en mi espalda.

Soledad, silencio y un intenso escalofrío recorre mi cuerpo.

¡¡¡Juasss!!! ¡¡¡Pero qué fría!!! Ji ji, ya tengo excusa para un buen café.

Estoy en Chamonix, son las 10 de la mañana y no sé por dónde empezar. Me siento extraño, fuera de lugar y en casa al mismo tiempo.

Mentira, más que en casa, estoy en mi territorio, en mis dominios y en mitad de la inmensidad de la Naturaleza Salvaje. Me siento parte de aquí. ¡Es genial!

Ahora sí, empieza la aventura, la esencia del proyecto, el primer paso de un todo. Lo sé, suena extraño, pero es así.

Éste no es un viaje de turismo, tampoco de vacaciones. Es el resultado de un largo proceso para volver a encontrarme a mi mismo, el resultado de 3 años de trabajo en silencio, a la sombra, al margen de todo. Y con cientos de cafés a mi espalda como únicos testigos.

Y es así cómo lo he vivido y cómo ahora me siento.

Por fin, vuelvo a ser yo, a sentir la vida y a caminar, con pasos pequeños y firmes, pero con un sentido, una dirección y un destino que hasta ahora, no podía ver.

Y sí, en esta vida he trabajado en mil cosas diferentes, pero ninguna me hace sentir tan pleno, realizado y con el sentimiento de poder hacer feliz a los demás, como viajar y aportar contenidos a través de mi blog 🙂

Pero regresemos al viaje y ese primer día en este pequeño punto del mapa, que es al tiempo, uno de los destinos más importantes a nivel mundial, tanto de turistas, como amantes de la Naturaleza. Cuna del alpinismo y como ya he dicho, mi casa, ji ji.

Seguimos caminando, las calles están literalmente congeladas, el paisaje es blanco y una espesa niebla impide ver las grandes montañas, pero sé que están ahí 🙂

Siento el frío cortante en el rostro, pero no me importa, es algo que deseaba desde hace mucho tiempo.

Hace tan solo una semana la nieve se acumulaba por metros, y los picos de frío superaban ampliamente los 15 grados negativos durante la noche. Según los lugareños, hacía años que no pasaba algo así.

Estamos en una ventana de buen tiempo. Pero hay más, esto es sólo una pequeña tregua (por ello lo de ventana), en unos días, quizá antes de nuestro regreso, otra gran nevada llegará.

Y ahí estaba yo, disfrutando de un primer café, con una reserva de hotel para las primeras 2 noches, un montón de preguntas y los billetes de vuelta a España sin comprar.

Sí, así es como funciono, sobre la marcha ¿Os lo había dicho? Ji ji.

Y es que antes de venir, tenía un montón de planes. Destinos diferentes y varias rutas que conquistar, pero recordemos que nada tiene que ver un viaje en verano con uno en invierno.

Así que ante la incertidumbre de este último y precedido por mi estancia en Ginebra, decidí funcionar así.

Llegar a Chamonix, ver cómo está el tema y tomar decisiones regularmente teniendo en cuenta la meteorología del día siguiente, fue la mejor fórmula. Aunque no la seguí al pie de la letra, claro.

Tras llegar al hotel, situado a un par de kilómetros del pueblo y envuelto por un paisaje espectacular, hacer check-in y dejar todos los trastos, volví directo a mi primera ruta favorita, ir  de tiendas, coger catálogos, buscar un bonito lugar para tomar café y escribir postales, mientras me pongo al día con las novedades tanto en el equipamiento de montaña, como del mismo pueblo.

Esta es la ventaja de viajar así, que eres uno más, que tienes tiempo para conocer a algunos lugareños, conversar con ellos y dejarte ver como realmente eres.

Bueno, en este punto hay que añadir que la gente no suele abrirse al primer día, deben verte una y otra vez hasta que tu presencia no resulte “agresiva”. Por decirlo de alguna manera, claro.

Y es así como al tercer día, ya puedes ir saludando por la calle, en el supermercado, en las oficinas de turismo, en alguna cafetería que otra y en los trenes que recorren el valle, ji ji.

Y estos últimos acabaron siendo mi medio de transporte habitual.

¿Nos Vamos?

Mi gran Aventura Aduanera

Durante los días que estuve en Chamonix, decidí por un lado recorrer todo el valle, desde Servoz hasta Vallorcine, y por el otro, hacer una ruta a pie desde esta última población hasta la vecina Suiza, en donde tomé café en la mismísima Aduana.

Es curioso, porque una vez llegas a la parada de tren de Vallorcine, te encuentras a tan solo 1km de un pequeño pueblo envuelto una vez más por un paisaje increíble. Es tan bonito que parece un cuento.

De verdad, una vez dejas atrás Argentiere y atraviesas el túnel de la montaña, descubres la típica estampa de Navidad (hablamos de invierno, claro) y sientes que todo es diferente, como si hubieses subido otro escalón en el nivel de la belleza Alpina.

Y así es como lo sentí nada más bajar del tren y ante la mirada de algunos esquiadores (creo que era el único que iba sin tablas y botas de plástico, ji ji).

Era un día realmente frío, pero el más soleado de todo el viaje. Y esto suele ser un problema, porque en estas duras condiciones invernales, el sol engaña y debemos ser muy cautos a la hora de vestirnos para cualquier actividad, e incluso durante el desarrollo de la misma.

A los 5 minutos ya estaba en la Oficina de Turismo de Vallorcine, aunque estaba cerrada cerrada. Hay que recordar que los horarios varían mucho de un país a otro. Así que me dispuse a seguir la marcha en dirección a la frontera con Suiza.

Y así es como durante este indescriptible paseo sentí la necesidad de expresarme de manera diferente, así que di el paso siguiente a la fotografía y puse el móvil en modo video. Un par de pruebas de imagen y sonido, y ya estaba compartiendo en tiempo real* la experiencia. ¡Es Genial!

La verdad es que mientras te lo cuento, me doy cuenta de que además fue lo mejor de todo el viaje. Tú, la Naturaleza y el silencio más absoluto, roto quizá por alguna pequeña Avalancha o el viento acariciando las cumbres.  El sol a tu espalda guiando tus pasos y el gélido invierno esperando a la sombra, al volver de cada curva, escondido bajo los árboles.

Las diferencias de temperatura son tan radicales, que igual estás sudando, como helado al segundo siguiente.

Sigo caminando por el traicionero asfalto, el tiempo pasa y debo ser precavido. Quiero estar antes de las 17h nuevamente en la estación. A partir de esa hora, las sombras conquistarán plenamente el valle y el Mercurio se desplomará estrepitosamente.

Sigo caminando, he pasado por aquí mil veces, pero siempre lo he hecho en coche. Nada que ver, es otro mundo, lleno de detalles y matices, el tamaño de los árboles es increíble, el hielo está presente en el asfalto y mil senderos se pierden en los bosques. Esto se pone feo, el fantasma invisible acecha.

Pero estoy tan cerca que me niego a abandonar, ahora ya no, puedo sentirlo, sí, estoy muy cerca.

Con cara de sorpresa al tiempo que curiosidad, un agente aduanero observa mi aproximación a su puesto, un intercambio de sonrisas y el típico:

– ¿Español?

– No ¿Français?

– No ¿Coffee? Yes

Es genial, acabo de entrar en territorio suizo y voy a tomar el primer y más reconfortante café del día, pero soy consciente, la clavada va a impresionante, ji ji.

Han pasado 15 minutos y no voy a esperar más en esta tienda de Souvenirs con gasolinera incluida. No es un lugar bonito, la simpatía brilla por su ausencia y decido volver a la carretera. En esta ocasión, emprendemos la vuelta.

Tras unas cuantas fotos para el recuerdo y un nuevo saludo al agente aduanero, dejamos atrás nuestro Café Nómada y nos encaminamos de vuelta al país galo.

Una hora quizá en la que sólo nos centramos en no tener ningún percance con el hielo, ni ser atropellado, claro. De hecho sólo he visto media docena de coches en toda la travesía… Y llegamos a Vallorcine.

En esta ocasión, la Oficina de Turismo está abierta. Es genial, entramos, saludamos, cogemos algún folleto tras conversar con la gerente y nos dirigimos al tren.

Estamos a salvo, ha sido increíble. Lo que se puede suponer como un simple paseo de 3 horitas, ha sido una pasada. Algo ha cambiado, no puedo dejar de sonreír.

Es más, me siento como un pirata con un gran cofre del tesoro.

No sabría explicarlo mejor, sencillamente…

Soy Feliz. 

*****

Una Propuesta muy Arriesgada.

Amanece una vez más, la noche ahí fuera, ha sido muy fría. Son poco más de las 07h y pequeños grupos de esquiadores abandonan el hotel, para agolparse caóticamente en la parada de bus. Mil lenguas de nieve por descubrir esperan impacientes ahí arriba, en la montaña.

Pero mantengo la calma, mi ritmo es mas lento y mis planes, diferentes.

El salón está vacío, los restos de algún desayuno yace en las mesas desordenadas y el silencio, invade el ambiente. Es mi turno.

Con un gesto rápido, me apropio de la máquina del café. Las primeras luces del día han logrado palidecer el negror de líquido vital.

Frutos secos, tostadas, variedad de quesos y un sinfín de pequeñas especialidades. Ufff, las quiero todas, pero debo ser prudente. Una semana antes de salir de casa empecé a comer menos en cada toma para habituarme a estas pequeñas pero regulares. El frío sólo se combate con calorías, pero una larga caminata ante la inmensidad de los Alpes… Hay que ser cauto hasta con los atracones, ji ji.

¿Sabéis? Cada vez que vengo, me pasa lo mismo. Es llegar y comer mucho menos, beber más agua y estar prácticamente todo el tiempo en activo.

Cuando tienes esta experiencia, te das cuenta de que comemos salvajadas de comida que en realidad, no nos hace falta. Nuestro cuerpo necesita energía, no basura. Y eso es lo que nos están vendiendo las grandes superficies, basura.

Millones de artículos de los cuales desconocemos todo, ingredientes tan perjudiciales para la salud que no seríamos capaces de dar a nuestro peor enemigo. Drogas como el azúcar, presente en el 99% de los alimentos y bebidas, que consumimos.

De verdad, nos están envenenando, rápidamente y de forma despiadada. Y es lo que veo y siento, la industria nos trata como ganado y encima hace doble negocio. Porque crea nuevas enfermedades que beneficia directamente a la Industria Farmacéutica, a la que acabamos recurriendo sí o sí.

Es una realidad, una gran verdad, pero el negocio es tan grande y hay tanta gente involucrada, que no se cuestiona.

Y es así como prosigue este primer desayuno, viendo cómo pasa el tiempo, cómo pasa la vida y cómo se consume mi café.

Ups! Estaba profundo, ji ji. Pero sigamos con nuestro genial viaje 😉

Estamos en marcha, el día promete y vamos a apurar las horas descubriendo el Valle abordo de sus rojos y llamativos Trenes. Pero antes de ello decidimos andar por una pequeña vía de servicio, paralela a la vía, que nos llevará hasta la población de Le Praz de Chamonix, en donde descubrimos la estación de esquí favorita de los practicantes del Snow del Valle, un buen restaurante y un bonito parque infantil totalmente cubierto por, más que la nieve, el hielo.

Dejamos nuestra huella tomando un corto pero intenso café, para rápidamente abandonar el lugar y ahora sí, coger el tren. En esta ocasión, no he sentido más curiosidad por el lugar. No era para mi.

Paramos nuevamente en Chamonix y cambiamos de registro ¡Nos vamos de tiendas! pero de deportes, claro. Y aprovechamos la ocasión para descubrir un par de outlets, también de ropa técnica, que harán mis delicias. Es increíble las cosas que se pueden adquirir en estos lugares a un precio más que bueno y que en España, no existen.

Y así, sin ser consciente de lo rápido que se estaban consumiendo las horas, se me escapaba un día lluvioso entre cafés, y la oportunidad de conocer a otros viajeros procedentes de los más dispares países, con los cuales e irremediablemente coincidiría una y otra vez, callejeando por las calles de Chamonix.

Recuerdo especialmente a una simpática pareja rumana a la que conocí en el McDonald´s, uno de mis favoritos en cuanto a decoración y buen servicio. Y cuando hablado de servicio no me refiero a que sean simpáticos y rápidos al otro lado del mostrador, sino en cómo se han enfocado al cliente y sus necesidades.

McDonald´s Chamonix es para mi a fecha de hoy, el mejor de cuantos he visitado.

Nada más entrar, encontramos una zona de mesas altas y taburetes, acondicionadas a modo de “Centro de Comunicaciones”, es decir, buen wifi, enchufes para atender las necesidades de nuestros aparatos eléctricos y un ventanal panorámico que nos deleita con una parte del pueblo y las grandes Montañas que lo escoltan.

Superada esta primera zona, habitualmente llena y en donde podemos escuchar los más variados idiomas, llegamos al mostrador, siempre vigilado por al menos dos personas, que hace de frontera a su vez con el largo comedor, y que a su vez, eleva su nivel a un último salón que además, da a una pequeña terraza.

Aunque he estado en ella, no es cómoda. Da una una pequeña calle en la que el ruido de los múltiples vehículos que pasan, molesta mucho.

Pero volvemos al interior y nos acomodamos en una de las mesas del salón. Desplegamos nuestro equipo y echamos una pizca de azúcar al café. Es una de esas horas en la que hay muy poca gente y disfrutamos del silencio.

A los pocos minutos, una pareja se instala en la mesa contigua, mientras él va a por unos menús, ella intenta apoyar un pequeño teléfono móvil en la pared para que el pequeño pueda entretenerse con algún video de dibujos animados.

La verdad, es increíble el poder que las maquinitas ejercen sobre los más pequeños, se quedan literalmente hipnotizados, ji ji.

Llega el padre, con una bandeja de bebidas y algo de comer. Vuelvo a ver como el móvil inicia un viaje por todos los recovecos de la mesa para acabar, supongo que debía ser así, en el suelo.

Uff, me ha dolido hasta a mi, ji ji. Pero note odio el característico sonido que se produce cuando la delicada pantalla de cristal, se rompe. ¿Sabéis? Tengo experiencia en ello y en su momento me gasté una fortuna en reparaciones. A fecha de hoy, me niego.

Hacía tan solo un par de semanas que pasean por las calles de Valencia (España) y en una de esas tiendas outlet, encontré algo a lo que le he llamado “pinza”. Se trata de un soporte par móviles y tabletas compuesto por dos piezas de plástico con una forma que recuerda a una sierra de madera y unidas por una simple bisagra. Económico, sencillo y realmente útil.

Así que después de haber visto toda la escena no dudé en levantarme, acercarme a la pareja y regalarles mi pequeño descubrimiento.

Bueno, debo confesar que cuando el chico empezó a hablar español, estuvimos más de media hora de “Charreta”. Además de contarme sus vivencias y acabar ofreciéndome su casa, me habló de un pueblo cercano, cuya su curiosa historia nacía con un multimillonario. Pero eso lo dejaremos para otro viaje.

Otra noche queda a nuestras espaldas, más ruidosa quizá que la anterior y con el fantasma de todo lo que quise hacer y quedó fuera de ruta.

Como recorrer la hermosa Suiza, con una primera escala en Zurich, donde me esperaba Daniela Maack,   en uno de esos espectaculares restaurantes desde los cuales puedes divisar toda la ciudad, y que sería el escenario donde presentar mi ambicioso proyecto, Nómadas VIP. 

Gracias por todas las gestiones, Daniela, Y gracias también por pensar en las posibilidades que me ofrecía ese lugar para hacer alguna foto de la ciudad. Otra vez será 🙂

Pero como he dicho al principio, las desfavorables condiciones meteorológicas eran las protagonistas y me arriesgaba a encontrar el camino bloqueado o incluso, ya puestos a suponer, atrapado en cualquier lugar.

Bueno, en este punto tengo que confesar que esto ya lo había previsto días antes de partir. Por ello además de todo el equipo de nieve, también llevé el de acampada, compuesto por una tienda de expedición de 3 plazas (por si quedaba atrapado varios días en la nieve) y dos sacos de dormir, uno de pluma para combatir esos grados negativos y otro de fibra, más liviano y sólo para una emergencia. Ya os comentaré en otro artículo las diferencias en condiciones extremas entre la pluma y la fibra, sobre todo teniendo en cuenta el entorno de uso.

Mi primera intención era ir desde Ginebra a Zurich. Una vez allí, tras realizar un gran Proyecto, proseguir hasta Martigny, para después atravesar el corazón de los Alpes y llegar a los pies del Mont Blanc, haciendo base en Chamonix.

Pero estando en Ginebra y viendo todo lo que estaba sucediendo, tuve que desistir para asegurar la Expedición, apostando por el camino corto, aunque no más seguro, que me llevaría directo a una Chamonix, que estaba sufriendo los estragos de un invierno implacable.

Seguimos Viajando

Café Nómada

15 de enero. Creo que ya he subido y bajado en todas las paradas  del Valle, algunas concurridas y otras totalmente aisladas, como el caso de Servoz, en la parte más baja del recorrido y que marca, junto a Vallorcine, el límite de nuestra Tarjeta de Turismo (Hablaremos de este título de transporte más adelante).

Y así es como sentí esta pequeña estación, sin vida, en medio de la nada y a unos cuantos cientos de metros de la población.

Sumido en el silencio y atrapado por una panorámica envolvente, el tiempo se detuvo, la respiración se aceleró y mis retinas se perdían ante la majestuosidad del paisaje.

Y qué decir de las vías del tren, esas infinitas líneas que funden la nieve y se pierden más allá de donde alcanza la vista. Las mismas que nos han guiado cada día y hecho sentir verdaderos Exploradores.

Con paso firme, me voy alejando hasta descubrir una pequeña carretera que parte literalmente el horizonte en dos. Es una línea completamente recta, en cuyo final se descubre la pequeña población de Servoz.

Sin perder de vista la estación, única referencia conocida y como si de un equilibrista se tratara, decido que tengo que llegar sí o sí al otro extremo.

A medida que voy avanzando, descubro extensas llanuras a ambos lados de la carretera, totalmente cubiertas de nieve y en perfecta armonía con algún gran árbol.

Pero hay algo extraño, siento Nostalgia, y no por recuerdos, sino por todo lo que veo a mi alrededor, por los tonos de gris predominantes, por la soledad de esos grandes árboles, por el sonido del agua, quizá incluso mis pisadas, o tal vez, el eco de mi respiración que susurra al viento palabras olvidadas.

Sigo caminando, pensando, removiendo recuerdos y tirando de una pequeña maleta. Estoy cansado, la botella de agua resbala y se pierde entre los matorrales que vigilan el camino.

Un segundo después, habiendo recuperado el líquido vital, descubro ante mi la esplendorosa silueta de una primera construcción. Sigo avanzando sin apartar la mirada, intuyendo el camino que deben seguir mis pasos, hay algo extraño en ella, no puedo dejar de mirar.

Un minuto, dos minutos, quizá 10, y mis ojos recorren cada centímetro de fachada. Sus tejados, sus colores, el contraste con el cielo y las escaleras con las que alcanzar aquella chimenea de ángulos rectos que se corta antes de lo esperado.

¿Quién vivirá en su interior? ¿Estará realmente encantada o sólo es fruto de mi imaginación? No importa, ahora forma parte de mis recuerdos como algo fascinante.

Sigo devorando metros y casi tropiezo, unas discretas escaleras me dan la bienvenida e invitan a descubrir el lugar en donde disfrutaré mi primer Café Nómada.

Da ambiente refinado pero perfectamente integrado en el paisaje, dos salas se descubren ante mi, la más grande que alberga un par de hileras de mesas, salpicadas de exquisiteces y variadas bebidas, y otra mucho más pequeña, en donde aguarda paciente un tronco de madera a modo de mesa, de lo que fue, viendo las dimensiones de su tronco, un formidable árbol del cual nunca conoceremos su historia.

Pero haremos honor a su final y compartiremos nuestro tiempo y secretos con él.

Pero tanta formalidad y refinamiento me puede, necesito romper con ella, demasiados recuerdos de una vida anterior, de caminar a diario con lo superficial, una vida de trajes y brillos, pero llena de mentiras.

Es mi oportunidad, en el mostrador un bote de chuches ¿De verdad? ¿Qué hace esto aquí? ¿Ya sabes quién se las va a comer? Ji ji ji.

Sorprendido y con un gesto gracioso, el camarero accede a mi petición liberando el bote de su gran tapadera y ladeándolo hacia mi. Uff, qué cosa más buena. ¡Ya son mías!

Acompañado de un buen café, cuyo amargor resalta tras la ingesta de las mencionados chuches, empiezo a revisar todas las fotos del día, desde el amanecer y muy en concreto las de nuestra recién descubierta “Casa Encantada”

Me siento raro, más que extraño. Me apetece descansar y hacer nada más, pensar en todo lo que he vivido estos días y en por qué estoy aquí, sólo y arrastrando una maleta que quizá nunca debió salir de la ciudad.

Poco a poco, la gente abandona el lugar. Las carreras frenéticas en la cocina y los ir y venir de los camareros, han cesado. Lo conozco bien, durante muchos años fui uno de ellos, aprendiendo el oficio, conociendo gente y sabiendo que debía seguir mi camino. Por eso, conozco bien ese momento, en el que nos quedamos solos, ya no como compañeros o parte de un equipo, sino como personas y sus conversaciones más personales. Es la parte de la hostelería que pocos conocen.

Pero sigamos, un largo trayecto nos queda por delante y por supuesto, seguimos pendientes del tiempo. No del reloj, sino del clima 😉

¿Y con estas palabras damos otro día por finalizado?

¡¡¡Noooooooooooooooooo…!!!

¿Próxima parada? 

*****

Un Guiño al Pasado

Proseguimos con nuestro viaje de vuelta a Chamonix, con el frío en el cuerpo y pegado a la ventana del tren. No me quiero perder nada.

Una parada, casas nevadas… Otra parada, más casas y más nieve… Otra parada más y… Eih! Eso lo conozco, ya lo había visto, es la Aguille du Midi.

Sí, y aunque ha pasado más de una década, lo recuerdo como si fuese ayer.

Claro, para ello deberíamos retroceder hasta el verano de 2003, cuando llegaba al Valle por primera vez y ante mi, se presentaba esa misma escena, digna de la mejor postal. Una sucesión de picos nevados, un montón de nubes y algo que destacaba en la cima, entre ellas. Era la mismísima Aguille du Midi.

De hecho, aún conservo la foto que le hice por aquel entonces, una de las pocas que se salvaron aquella fatídica noche en mayo de 2015 (En mi biografía hablo de ello).

Nuestro tren se detiene, estamos en la parada de Les Houches, las puertas se abren y sin pensarlo dos veces, saltamos. En esta ocasión, un valle mucho más cerrado nos atrapa. Instantes más tarde, vemos como el tren se aleja con su característico sonido y la solitaria estación nos ofrece su propio espectáculo. Desplegamos por primera vez nuestro equipo fotográfico, bastante pesado, la verdad. Aunque con precaución extrema debido al hielo reinante y la amenaza continua de lluvia. Sobre todo esa que queda en suspensión en el ambiente, capaz de penetrar hasta las entrañas de nuestros objetivos y llenarlos de la temida humedad (Os hablaré de ello en otro artículo)

Una sesión de tan solo una docena de fotos es suficiente. Resuelvo recoger y caminar, arrastrando nuevamente la maleta, hasta la cercana población. Me siento atraído por ella, la verdad.

Sin aceras y bastante tráfico rodado, parece peligroso.  Así que decido preguntar a un joven que también quiere abandonar el lugar acompañado de su pequeña hija y su blanco coche.

Tras mi conversación favorita ¿Español? No ¿Français? No, me invita a acompañarlos. ¡Genial! Da gusto encontrar gente amable y simpática justo cuando más se necesita.

Un par de minutos después y llegamos a la Oficina de Turismo de Les Houches, en donde la simpática chica del mostrador nos recibe chapurreando un español que me hace sentir mucho mejor. Al fin puedo hablar relajado, ji ji.

Yo no sé si la simpatía tiene que ver, pienso que sí y más bien, mucho, pero es la primera vez que me decido a comprar “souvenir” en una O.T. (Oficina de Turismo). Podéis imaginar los precios, pero me hicieron sentir tan cómodo, que me lancé a comprar pegatinas e imanes de nevera (muy chulos) que una vez llegase a España, se repartirían rápidamente, ji ji.

La tarde ha caído, es prácticamente de noche y decido dar una vuelta rápida sin salir de la vía principal de la población, he decidido volver en el bus y con ello, evitar el peligroso acceso al tren, y más de noche.

Hace frío, es muy intenso y lo que antes eran simples charcos, ha pasado a formar parte de helado paisaje. Me resbalo, quizá unas cuantas veces más, supongo que la superficie decorativa de algunas aceras no es la más conveniente. Sigo caminando, creo que dentro de nuestras capacidades de aprendizaje, una de ellas es no caer, sino zarandearse co estilo, ji ji ji.

Y así es como llegamos a la puerta de… Pues no sé exactamente si un pequeño hotel, una pizzería, un pub o qué será, eso sí, me parece que voy a pagar bien caro el siguiente café. Pero valdrá la pena, Les Houches lo merecen.

Italiano, grande, mucho más que yo, serio como un viejo roble y dedicado a sus otros clientes, pido un café, sonriente, pero poco. Nada mejor que adaptarse al entorno en muchas ocasiones, ji ji.

Recorro unos metros para llegar a una diminuta mesa, cuadra, escoltada por un par de sillas un tanto incómodas, supongo que de esas que te invitan a consumir rápido y abandonar el lugar. Miro por la ventana, estoy al fondo del local, y ante mi, ¡Guau! ¡Qué bonito!

¿Cómo describirlo? ¡Uff…! La noche, un interminable lienzo negro tizón, con un millar, qué digo, un millón de estrellas caprichosamente repartidas y la falda de la montaña iluminada por todas esas casitas que dejé atrás en mi caminar.

Vuelvo a sentir la soledad, pero es buena, me siento bien. Sin ser consciente de ello, llevo la taza de café hasta mis labios, caliente, pero no quema, todavía siento el frío del exterior. El aroma se desliza en el ambiente, hasta llegar a mi. Sigo absorto con el espectáculo luminoso del infinito. Y llega el primer sorbo, como por sorpresa, sin esperarlo.

¡¡¡Pero qué pedazo café Italiano!!! Acabo de alucinar. Pasando de un mundo a otro en una milésima de segundo. Acabo de sentir el sabor del propio grano de café, como recién tostado o más bien, directo del campo. No podría expresarlo mejor.

Muy pocas veces me ha pasado esto y éste viaje, queda apuntado a la lista, ji ji.

Pero bueno seamos realistas, estamos en una zona muy turística, en la mismísima milla de oro y me van a pegar un buen sablazo, estoy seguro.

Con paso decidido aunque con cierta resignación, lo acepto, sea lo que sea, lo pagaré con gusto. Ha sido un muy buen café.

Al otro lado de la barra, el tipo se percata de mi presencia, pide unos instantes a sus amigos y se dirige hacia mi. Estoy pendiente de sus manos, de su lenguaje corporal, espero bueno me vea como a un pastelito al que pegar un bocado y dejar temblando, ji ji.

Un gesto internacionalmente conocido como “La factura” (os lo mostraré en algún video más adelante) y un par de segundos sin reacción.

El tipo se detiene, me mira con total ausencia de simpatía y levanta la mano, al tiempo, que estira hasta el mismo cielo, un dedo.

¿Un Euro? ¿Aquí? ¿Por este pedazo café en este local tan acogedor? ¿En pleno centro? Bueno, ahora el que paga, da las gracias y sale del lugar sin mirar atrás, soy yo, ji ji.

Pero dura poco la sonrisa, un bofetón de frío me devuelve al camino de vuelta a casa. No pasa nada, esto es lo que buscaba, frío. Sigo siendo feliz, el viaje es una pasada y vuelvo a hablar de suerte, buena suerte y ahora, a diario.

Mi vida es diferente, vuelvo a sentir eso mismo, que estoy viviendo.

Como os comenté, este viaje estaba lleno de objetivos, ilusiones, trabajo duro, un pasado, un presente y un futuro, todavía por conquistar, claro.

Estamos en la parada, a tan sólo unos metros de nuestro ultimo recuerdo cafetero. A mi alrededor, luces. Todo un pueblo iluminado y al igual que desde la pequeña ventana del café, la oscuridad más profunda de la noche, con aquel millón de estrellas. Pero no he visto la Luna, la echo de menos.

Aprovecho para hacer algunas fotos, una pequeña Iglesia, destacada del resto de construcciones, posa ante mi. Iluminada también.

Deben pasar unos 15 minutos para que un autobús aparezca de la nada y recoja a los inquietos viajeros que me acompañan, ingleses presumo saber, contentos, pero que no paraban de moverse de un lado a otro presumo también que por el frío.

¡Carajo! Es que hace mucho frío esta noche, ji ji.

Empieza el regreso, es el trayecto más largo que hago en bus por el valle y además, de noche. Lo que más curioso resulta es la pericia del conductor sobre las heladas carreteras. Supongo que la experiencia es ungían grado además de las ruedas de invierno que llevan estos mastodontes (los buses, claro).

Casi una hora después, estoy en el Hotel. Ha sido bonito, interesante, ideal para no pensar, o más bien, todo lo contrario. No puedo evitarlo, la mente va por libre y lo de quedarse en blanco, no va conmigo, ji ji.

Pero sigo preocupado, me falta algo. Recuerdo con emoción mi paseo hasta la frontera suiza, pero insisto, me falta algo más que me proporcione emoción extra en este viaje.

*****

Los Primeros Copos

Tic-Tac… Tic-Tac… Tic-Tac… Se van los días, se consumen las noches y aunque está siendo un viaje muy bonito, me sigue faltando algo.

“Dicen que todo pasa por algo, incluso cuando nada sucede, quizá”

Y así es como a un par de días, empezamos a hacer balance de todo lo que hemos vivido, en la distancia, a nivel personal y gracias a las nuevas tecnologías, en internet, a través de Facebook.

Sí, aunque estoy presente en diferentes plataformas e Instagram es una de mis favoritas, me he dado cuenta de que una vez “a pie de campo”, la mejor y más cercana a vosotros, ha sido Facebook.

Y así despedimos un día más, desde este bonito salón de madera y grandes cristaleras desde las cuales he visto pasar tantas nubes de colores, grises amaneceres, increíbles puestas de sol y también, aunque triste por ello, el tiempo.

Pero la Montaña es así, siempre lo he dicho. Por ello desde hace tantos años, viajo sobre la marcha, sin nada que esperar y mucho que ofrecer.

Hace calor, supongo que la aclimatación y exposición a tanto frío hace que mi cuerpo acuse más las cálidas temperaturas del Hotel.

Me pesan los párpados, estoy cansado, con tanta información en mi cabeza que simplemente, no me apetece escribir, todavía no.

La Luz amarillenta en el exterior y ausencia total de coches. La noche ha llegado y el mundo de Morfeo me reclama. No hay más…

¿Seguro? Otra vez más, ¡¡¡Noooooooooo!!!

Está empezando a nevar, salto de la mesa como un caballo desbocado, no me lo puedo creer.

¡Está Nevando!  ¡¡¡Yujuuuuuuuu!!!

En plena media noche y cuando todo parecía perdido, la nieve llega. Esa tan esperada, de la que tanto oía hablar pero que tímida quizá, no se atrevía a personar.

¡Está Nevando! Mi corazón va a mil. Salgo a la calle, piso los primeros copos, me planto en mitad de la calzada y disparo mil fotos a mi alrededor. Parezco… No diré lo que parezco, ji ji ji.

Algunos curiosos miran por la ventana, a mi, pero, Ups!

Olvidé vestirme. Voy con una camiseta de manga corta, un pantalón de verano y sandalias, ji ji ji.

Y así es como finalizamos un bonito día, con una increíble experiencia y un sueño reparador 🙂

Como siempre digo, estas cosas son para vivirlas en primera persona. Yo hago lo posible para transmitirlas lo más fielmente posible a la realidad.

Así que ya sabes, sólo se vive una vez, ji ji.

*****

Argentière

Otro día más. Llueve, llueve sin parar. Parece que ya nos hemos adaptado al nuevo horario y cuando la manecilla del reloj todavía lucha por llegar a las ocho, estamos en marcha.

El día es realmente desapacible, típico de la alta montaña en pleno invierno, ji ji. Decidimos pasar la jornada visitando una vez más las calles de Chamonix. Me encanta, nunca deja de sorprenderme.

Más horas que consumir, más rincones que descubrir. Nos pegamos a la barandilla del río, el mismo que atraviesa todo el casco urbano, cruzado en varias ocasiones por puentes tan diferentes, que sorprende.

Nuestro favorito, el de las flores 😉

Decidido, compramos unas provisiones y marcamos un nuevo objetivo, Argentière.

Hablamos de una pequeña población, a mucha más altura que la anterior y que recorremos en apenas unos minutos. Turística también, hacemos una parada técnica en una panadería situada al final de la calle principal, en dirección a la vecina Suiza.

Tomamos un café no muy bueno, la verdad, y tras unos minutos (tampoco tienen wifi) salimos armados de una espléndida barra de pan. Tiene una pinta increíble, no van a sobrar ni las migas, ji ji.

Primer bocado y ¡Puaggg! Qué cosa más insípida, malo no, lo siguiente. Busco una papelera, pero ¿Te puedes creer que no encuentro ninguna?

Armado con una barra de pan bajo el brazo y un mal sabor de boca, doy por finalizada mi visita. Otro día quizá, volveré, pero hoy no, en mi cabeza hay otros planes.

Vuelvo a Chamonix. Estoy inquieto y quiero hacer algo, otro café, espero al siguiente tren y me voy a Vallorcine. Creo que cada vez me gusta más este tren. Al igual que me pasa en el pueblo, lo mismo sucede en el Valle, siempre veo cosas nuevas, aunque con toda la nieve que hay, podría decir que menos, ji ji ji.

Sigue lloviendo, aunque mucho menos. Otra vez ese tirón del tren. El convoy se tensa como una cadena y empezamos a rodar por esa infinita vía de hierro, que me lleva una vez más a un destino incierto. Miro por la ventana e imagino mil Aventuras. El cristal se empeña, pero no importa, hago dibujitos y sonrío. Sigo Feliz y eso mola mucho.

Últimos minutos, otra vez Argentière y el recuerdo reciente de mi última visita, pero no importa, ya forma parte del pasado. Está lloviendo, un poco más fuerte quizá. Esto pinta mal.

Atravesamos el túnel que nos lleva a La Buet, miro por el cristal, llueve con más intensidad y ya se puede escuchar cómo el agua se estrella con fuerza, contra el frío metal de mi carruaje.

Empezamos a prepararnos para salir, si aquí está lloviendo, seguro que allí arriba es nieve. Sonrío.

Hoy vestimos para recibir agua, con ropa impermeable, incluso para nuestra mochila de ataque. El único punto débil es el móvil (celular), esperemos que no se ahogue, ji ji. Pero pienso en nieve, hay tanta que podría construir una ciudad entera de iglús, ji ji

Parada de Vallorcine, nos detenemos, las puertas se abren y salgo con cautela ¿Hielo? ¿Nieve quizá? Lo reconozco, cada vez que pongo un pie en este lugar, me pasa algo diferente.

La verdad es que empiezo a sentir el cansancio acumulado, el cambio de alimentación y todas esas nuevas emociones que de alguna forma, no se canalizar. Pienso en mi vida anterior, y no hablo de años atrás, sino de tan sólo unos días, los previos al viaje o por ir más allá, desde aquella noche camino a Turís, todo eso que pasaba por mi inquieta cabeza, y también, el momento en el que el Universo me confirmó que viviría este viaje, una vez más.

Me lanzo a conquistar nuevamente el lugar y ante mi, una increíble cortina de agua. No se ve a más de 20m. No puedo avanzar y tras recibir el impacto de millones de gotas de agua en apenas unos segundos, desisto.

Imposible seguir. Se ha roto el cielo, hacía años que no vivía una situación así. La verdad es que este viaje, la naturaleza me está recordando quién manda, ji ji.

Resignado, con el ego por los suelos y con cara de ingenuo, los revisores, para los que ya soy un «Pasajero Habitual» me miran y sonríen. Otra vez será.

Vallorcine es un duro hueso que roer. Además de ser una frontera física entre dos países, también lo es psicológica desde este momento. Uff, volvemos al hotel.

Hoy nos hemos enfrentado cara a cara con la lluvia. Bueno, vengo de un lugar agrícola sumido en una larga sequía, así que más que odiarla por estropear mis planes, la veo con buenos ojos.

“Mientras llueva, habrá Esperanza».

*****

Ataque a Vallorcine

Enfadado, cabreado y con mucho sueño. La noche ha sido larga, tan larga como el eco de las incontables notificaciones del tiparraco de la habitación de al lado… Bueno, sólo os puedo decir que a las tantas de la madrugada casi le rompo el móvil en la cabeza uno de esos que carece de respeto alguno por el prójimo.

Mas y cuando el silencio que se respira en los alojamientos rurales, y más hablando de montañeros, es una Ley.

“Pero, siempre hay quien va de Guay en las Redes Sociales, haciendo esfuerzos increíbles por aparentar serlo, pero que en realidad, es lo peor de lo peor.” Doy Fe.

De verdad, he contado hasta mil para suavizar en todo lo posible mis palabras. Aunque quién sabe, quizá un día de estos lo destape, que es lo que se merece, y vea cómo empieza a perder amigos, seguidores y fans, estrepitosamente. Sería lo mejor para todos, ji ji.

06:50h. Ya no aguanto más. Arrancamos el día con sueño, así que vamos a por un café… O dos…

07:10h. Entro en el salón, hago un rápido recorrido por el Buffet preparo mi bandeja con el desayuno, tomo asiento, mis pensamientos