Límite 72h

Aunque en apariencia vivimos un verano un tanto suave, es de lo más inestable. Las temperaturas diurnas, típicas de estas fechas, superan levemente los 30ºC.

Las nocturnas en cambio, son un poco más bajas de lo normal, permitiendo recuperar la cordura y disfrutar de sueños reparadores.

El ambiente por su parte, además de limpio, está bastante tranquilo. Pero siempre hay un “pero” y en este caso no iba ser diferente.

Una vez más se ha cumplido aquello de que tras la tempestad, llega la Calma. Y esa tempestad es la que destaca por encima del resto.

En los últimos días hemos sufrido un episodio tan fuerte de lluvias, que la verdad, nos ha pillado por sorpresa a todos. Por supuesto, ahora es la noticia de la semana.

Y no por la cantidad de agua caída, sino por todo el daño que ha hecho, principalmente en el norte peninsular.

Por mi parte, sigo con la rutina normal, haciendo alguna chapucilla a pequeños clientes y después, en mis ratos libres, toqueteando mi última adquisición. Una pedazo cámara de fotos de esas que intercambian objetivos y da miedo tocar por si se cae.

Debo reconocer también que aunque me tiene enamorado y es una máquina que impresiona con su presencia, no tengo idea de cómo funciona, ji ji.

Estos días además, estoy haciendo pequeñas salidas cerca de casa, vamos, intentando buscar rutas circulares de al menos 3 ó 4h de marcha, con la intención de ponerme en forma y perder algo de barriga. Me sobran unos cuantos bastantes kilos 🙂

He pensado que esta tarde a última hora saldré a hacer algunas fotos de la puesta de sol y si es posible, la luna. Así que ya tengo ocupación. Uff, necesito un café. Intento escribir con soltura, pero cuesta. Vaya manera de empezar un texto.

Alto de la Torre

El día pasa rápido y sigo con la intención de salir. Cámara en mano, me preparo para hacer una escapada hasta el Alto de la Torre. Una montaña cercana de poca dificultad que dista de casa a una horita de marcha, más o menos. Ya estoy de camino.

Tras un buen rato alternando entre asfalto y caminos de tierra, alcanzo la cima. La temperatura ha bajado bastante y el sudor empapa mis ropas. El verano no es para mí ¿Te he dicho alguna vez que soy amante del frío? No puedo con la calor, me deja agotado.

Tenemos una noche de lo más oscura, acabo de conquistar el punto más alto del término y no puedo evitar hacer un despliegue fotográfico sin precedentes, esta noche no se me escapa la luna.

Sobre esta gran roca, la panorámica es de 360º. Puedo verlo todo a mi alrededor, es una pasada. Pero son dos puntos los más bonitos que debo destacar, hacia el oeste, la puesta de sol tras las montañas de Buñol, con sus numerosos molinos de viento rompiendo la línea del horizonte y alguna que otra nube de color fuego, iluminando la escena.

Al lado opuesto, el mar, con su otra gran línea perfecta, que invita a soñar grandes aventuras, rompiendo quizá una y otra vez contra las indomables olas que nacen de las más increíbles tormentas, a bordo seguro de algún barco Pirata…

Últimamente sólo pienso cosas malas, aunque no todo el tiempo, claro. Los mosquitos son capaces con un mínimo esfuerzo, de arruinar la mejor de las noches y ponerte de tan mal humor que todas esas cosas malas que pasan de vez en cuando en mi camino por la vida, se magnifican todavía más.

De verdad, no sé cómo puede funcionar esta Sociedad y menos este tipo de personas, que una vez llegan al poder abusan de él con el total beneplácito del pueblo.

Pero esto forma parte de otra historia y no voy a permitir que me terminen de arruinar la noche. Total, algún día me iré de aquí y ellos se quedarán. Así de fácil.

Ya no tardaré en recoger, las fotos que quería hacer ya las tengo, el zumbido es constante y soy incapaz de atrapar a uno solo. Creo que las farmacéuticas cada día lo tienen mejor con estos bichos.

¿Tendrán algún acuerdo secreto? Quizá lo acabe investigando también, ji ji.

Mejor vuelvo casa, creo que he pasado de conquistador a ser la cena de los animalitos del bosque.

La Llamada

Apenas son las ocho de la mañana y el sonido de la típica notificación de SMS (mensaje recibido) rompe el silencio:

“Buenos días pin, prepara las cosas que acabo de juntar unos días libres y mañana nos vamos a los Pirineos”.

La reacción no se hace esperar, una increíble sonrisa se instala en mi cara al tiempo que salto de la cama para empezar lo que se anuncia como una intensa jornada.

¿Has preparado alguna vez un viaje con tan sólo un día de antelación?

La verdad es que aunque me pilla de sorpresa, lo estaba esperando.

Hace un par de meses que el tema de “La Virgen de las Nieves” y la promesa de volver allí, volvió a salir, pero no llegaba a materializarse. Mayte es enfermera y los horarios son bastante “raritos”, por lo que juntar de 3 a 5 días y con tiempo suficiente para planear una escapada, es bastante improbable.

Emocionado, me dirijo a la cocina para preparar ese primer café en casa e invadir el ambiente con su mágico aroma. Es todo un ritual para mí.

En la mayoría de viajes que hago, el material suele ser siempre el mismo, independientemente del tiempo de duración del mismo, lo único que suele influir es la estación del año. Así que aunque estamos en pleno verano, debemos tener en cuenta también que hablamos de un ambiente de alta montaña y por supuesto, que hace tan sólo unos días Benasque ha sufrido unas lluvias torrenciales que han causado grandes destrozos materiales.

Como digo, es un verano atípico y no sé qué es lo que nos vamos a encontrar. La cosa pinta un tanto mal, pero al mismo tiempo, me atrae todavía más.

No pasa nada, mientras remuevo el azúcar del café, pienso en que, como siempre, iremos sobre la marcha.

Estamos en plena era de Internet y por ende, de las primeras Plataformas Sociales. Y aunque fb acaba de nacer, Twitter seguirá siendo el medio por el cual iré compartiendo el viaje en tiempo real, con mis nuevos amigos virtuales. Así será, estoy emocionado.

Por un momento no puedo evitar pensar en mi amigo Toni García y los buenos recuerdos que llegan a mi mente. Todos aquellos viajes a base de mensajitos SMS, las llamadas durante las paradas técnicas para informar del trayecto y las fotos acompañadas de largas explicaciones una vez ya en casa, cuando aparecía a última hora  de la tarde en su gran moto, con una bolsa llena de chucherías y subíamos al tejado de mi casa a ver las estrellas, mientras le relataba cada detalle del viaje.

Aunque claro, también recuerdo todas aquellas explicaciones acompañadas de verdaderas justificaciones del por qué me había comprado esto o aquello, para qué servía y la gran inversión económica que suponía para mí, ji ji.

No importa, ambos habíamos aprendido a respetarnos desde el principio y vivir la vida de forma sencilla, pero auténtica.

Un saludo, allá donde estés

La cuenta atrás está en marcha, la actividad en la Red se intensifica y ya tengo casi todo preparado. En cuanto llegue Mayte, cargamos el coche y salimos disparados. Ya lo puedo ver, voy a cumplir mi promesa, la de la Ermita ¿Recuerdas?

Ahora sólo me falta algo que pueda llevar a modo de ofrenda, pero no tengo ni idea. Así que recurro a “cuanto más sencillo, mejor”.

Esta máxima la he aplicado siempre a mi vida y la verdad, funciona.  Así que empiezo a dar vueltas por casa en busca de algo que llame mi atención.

Tras poco más de media hora dando vueltas, abro una vieja lata de galletas utilizada a modo de costurero, y directamente aparece un trozo de cinta.

Vaya, simple, simbólico, rosa y siempre ha estado ahí. Tan sencillo como eso.

Con delicadeza, estiro el trozo de cinta sobre la mesa y con el máximo tacto posible, escribo Nómadas VIP en un extremo y en el otro, Mama Mía. Lo doblo y hago un par de fotos para ver cómo queda. ¡Vaya! Acabo de dar vida al Lazo Rosa que me acompañará a partir de ahora hasta los pies de la mismísima Virgen.

¡Hecho! A partir de ahora, tengo un pequeño tesoro que proteger, un largo viaje por delante que vivir y una promesa que por fin, poder cumplir. Es hora de soñar una vez más en el mundo de los hombres.

72h Non Stop

05:45h. Hora de levantarse, la noche se ha pasado volando. Recuerdo que estaba tan nervioso que no podía dormir, pero la verdad, caí redondo.

Mayte ya viene de camino, su llamada perdida me despertó. Toca hacer un café rápido para que cuando llegue, tan sólo haya que cargar el coche taza en mano y salir disparados.

06:15h Llevamos un poco de retraso, pero estamos “On The Road” Ya se puede decir que la aventura ha comenzado.

Mis ojos pelean por mantenerse abiertos, ahora es cuando me doy cuenta de que debería haber dormido más horas, pero la verdad

¿Quién sería capaz de hacerlo sabiendo lo que supone y significa un viaje así?

En poco más de 15 minutos hacemos la primera parada técnica en un área de servicio cercana, ya en plena autovía. Toca llenar el depósito hasta arriba, tomar un buen café (uno de verdad) y decidir cuál será la mejor ruta.

Sigue siendo noche cerrada, de esas muy oscuras y totalmente estrellada. Hace frío a estas horas, pero…

¡Eih! Es un momento impresionante, de esos que no se olvidan. Así que no nos quejamos.

Mientras la chica al otro lado de la barra prepara los cafés, me dedico a redescubrir la multitud de detalles que decoran el local y cómo no, observar los grandísimos ventanales que tiene y desde los que se ve, tanto el parking, como las erosionadas montañas de Calicanto, una urbanización cercana azotada cruelmente por el imperio del ladrillo. Pero también es otra historia.

Estamos a espaldas de la gasolinera, en un gran edificio en forma de “ele” que tiene el Asador en un ala y la Cafetería en la otra.

No es la primera vez que venimos, de hecho viene a ser ya una costumbre que este acogedor lugar forme parte de todos nuestros viajes. Incluso venimos al día siguiente de volver de cada uno de ellos para hacer nuestro “Momento Café”, ese en el que compartimos todas las fotos, hablamos de lo que hemos vivido o incluso en muchas ocasiones, nos aventuramos a proponer la siguiente aventura.

Me encanta, es algo muy especial para mí que con el paso de los años, le da forma a todo esto.

Pero los minutos se consumen rápidamente y decidimos levantar el campamento. Hay que aprovechar al máximo la noche para evitar conducir de cara al sol y sobre en esa primera hora punta donde todo el mundo se junta en la carretera para ir a trabajar. Es de lo más molesto, la verdad.

Los primeros tweets ya están en el aire, la gente es muy madrugadora y la verdad, viajar así y compartir algunos momentos es toda una experiencia. Seguimos devorando kilómetros sin parar, al menos tenemos 6 ó 7 horas de viaje por delante, ni idea.

Si vamos por Huesca, haremos parada en la tienda de deportes que hay a las afueras, en un polígono industrial. En cambio si lo hacemos por Reus, iremos sobre la marcha.

A punto de llegar a Sagunto decidimos apurar el tiempo de ida, así que optamos por meternos de lleno en la Autopista y no salir de ella hasta Salou. A partir de ahí, la carretera será mucho más entretenida. Apostamos por Reus 🙂

Durante los primeros kilómetros puedo ver como el sol va emergiendo lentamente del mar hasta lograr ganar altura. El día ha nacido y nosotros con él. Este es el otro motivo de conducir de noche, amanecer así, es algo que me encanta.

A eso de las 09h hacemos una última parada técnica antes de abandonar la zona de pago, tomamos un café y retomamos la marcha. Me encanta este sitio, hemos parado otras mil veces en viajes anteriores y siempre es el mismo sentimiento.

El área de servicio está construida en el propio puente que cruza la Autopista de tal forma que los accesos de cada lado están conectados por la propia cafetería, es decir, que puedes ver pasar los vehículos de cada sentido mientras tomas un café, comes algo o simplemente, dejas volar la imaginación.

Fuera de la AP7

Si me preguntas sobre la definición de viajar y qué supone la utilización de autopistas para llegar antes a un destino o simplemente hacerlo más rápido, te podría contestar de la siguiente manera:

No me gustan las Autopistas. Un viaje empieza justo cuando cae la primera gota, es decir, en el momento en el que se propone la idea de hacerlo.

A partir de ahí e independientemente del tiempo que transcurra hasta que se materializa, todo forma parte.

El tema de las Autopistas es que son aburridas y en mi opinión sólo sirven para consumir kilómetros rápidamente.

Aunque en este punto deberíamos hablar sobre las áreas de servicio y todo lo que puede pasar en ellas, mayoritariamente bueno, claro.

Una vez abandonamos los grandes ríos de asfalto, empieza el verdadero viaje. La carretera se estrecha, la velocidad se reduce y la voracidad con la que antes consumíamos kilómetros baja. Aparecen los primeros cruces, las construcciones aisladas, los pasos a nivel, la poblaciones y por supuesto, los pasos de cebra.

El paisaje es cambiante, tenemos la oportunidad de hacer más paradas técnicas ampliando el típico café y reportaje de combustible, a la parte cultural e histórica.

Así es como llegamos a Reus, una pequeña ciudad que debemos atravesar y en la cual siempre paramos para tomar café y mezclarnos en el día a día de la gente aunque sea por unos pocos minutos. De alguna manera al estar acostumbrado a las cafeterías, es como si estuviese en casa, ji ji.

Dejamos atrás los primeros cruces y desvíos importantes para dirigirnos a Montblanc, siempre me ha encantado este pueblo, de hecho creía en mi ignorancia que era donde la famosa firma alemana dedicada a la escritura de lujo, los fabricaba.

Pero se queda fuera de ruta y lo pasamos de largo para dirigirnos a Tárrega, Balaguer, Tremp… A partir de aquí y como en tantos otros viajes, confundimos intencionadamente la C-13, la C-14, la C-53, la N-230 y finalmente la N-260, recorriendo todo el Eje Pirenaico, que nos llevará hasta nuestro primer destino, Benasque.

La cantidad de poblaciones que descubrimos así es innumerable, cada cual más interesante o curiosa que la anterior. Pero esto forma parte de mi estilo de viaje y merece un escrito más específico y con mayor mimo en el detalle, claro.

Columpios de Barro

Una vez cruzamos el puente que deja atrás Castejón de Sos y aún con la sonrisa de la emoción instalada en la cara, los efectos de las recientes inundaciones aparecen si tan siquiera avisar.

Sesué, Sahún… La velocidad del vehículo ha bajado mucho, no podemos evitar fijarnos en la rivera del río. Al otro lado queda un camping, desconocemos la suerte que han corrido las instalaciones.

A éste lado, campos de cultivo y un parque infantil sepultado por el barro, las cañas, restos de sedimentos, gravillas, rocas, ramas. La escena es dantesca, no puedo evitar relacionar la inocencia de un niño y sus risas con la reciente inundación. Bueno, está claro que allí no había nadie, pero la mente va por libre y me siento mal.

La sonrisa y anterior emoción del viaje ha desaparecido, por los medios informativos sabíamos que esto había pasado, pero nada que ver con la realidad y lo que se puede sentir al estar “in situ”.

Destrucción y fuerzas de la Naturaleza, supongo que es la mala costumbre que tenemos de construir donde no se puede. Aunque lo llevamos haciendo durante siglos.

Seguimos avanzando, ya no contamos los kilómetros acumulados, sino los minutos que quedan para llegar. Leas construcciones son familiares, un último puente, la pequeña gasolinera de entrada a la población y un lugar para aparcar. Sí, hemos llegado, estamos en Benasque.

Benasque, Ritual y Destrucción

Como siempre, nos dirigimos directamente a Barrabés, el Olimpo del montañismo para un servidor. La única tienda que conozco y en donde lo puedes encontrar todo, a lo que equipamiento de montaña y esquí se refiere. Estoy enamorado de esta impresionante tienda, la verdad.

Tras un vistazo rápido a la planta baja, que es la que nos da la bienvenida, nos metemos en el primer sótano, que es donde tienen todo lo de esquí. A partir de aquí, iremos sumando los escalones de una impresionante escalera doble, decorada por una bellísima balaustrada de madera, hasta llegar a la última planta.

Antes de seguir debo confesarte algo, podría pasar horas mirando cada artículo, descubriendo cosas que ni te puedes imaginar para al final acabara comprando nada, ji ji. Tenerlo todo y tener lo último, se suele pagar. Pese a ello, reconozco que cada vez que voy, algo compro. De hecho, mi equipo de esquí de travesía, por ejemplo, es de allí.

Adicional, tengo que decirte que los vendedores, aunque muy serios, suelen relajarse tras un ratito de preguntas sobre algo concreto y pasan a ser bastante “enrollados”.

Pero sigamos con este viaje concreto. Tras un par de horas de intensa exploración, me adelanto a Mayte y salgo al exterior. Frente a la tienda, justo al otro lado de la calle, un banquito, sol y Don Carlos Barrabés, el propietario del citado establecimiento.

Como en tantas otras ocasiones, cruzo la calle para acercarme a él y saludarle. Es curioso, pero Carlos es un hombre muy enigmático, hay algo que atrae a hablar con él y por supuesto, escuchar toda la sabiduría que tiene. Parte acumulada por el paso de los años y parte por el espíritu emprendedor que lo caracteriza. La verdad, dedicaría un artículo entero para hablarte de él y me quedaría corto. Quizá algún día me atreva a entrevistarle con preguntas inteligentes y que me vuelva a contar la historia de cómo empezó todo en Benasque, como en alguna ocasión me narró.

Hora de seguir, Mayte y yo nos despedimos de Don Carlos, como ya te digo, al igual que en tantas otras ocasiones y nos lanzamos a recorrer el pueblo.

Como también es habitual, lo hacemos buscando el cauce del río y  curiosamente en dirección contraria al tráfico, por la avenida los Tilos. Decidimos parar en un Asador, donde coincidimos también con el dueño del local y le prometemos, tras una larga charla sobre las especialidades del sitio, que algún día pediremos la carta, vamos, algo más que un café, ji ji.

Seguimos caminando y el ruido de una excavadora nos sorprende, viene desde el mismo cauce del río Ésera. Impresionantes socavones en los laterales del cauce y montañas de sedimento de todos los tamaños, tal cual habíamos visto antes de llegar al pueblo, allí en los columpios.

El día es soleado y bastante agradable, no se anuncia precipitaciones y por ello decidimos aprovecharlo al máximo recorriendo todas las calles y callejuelas del casco urbano. De verdad, este lugar tiene algo especial. Sigo sintiendo que ya he estado aquí en otra vida.

Metidos de lleno en el papel de turistas, entramos al supermercado en donde siempre compramos unas deliciosas palmeras de chocolate. Sí, están buenísimas, en cuanto les pegas un bocado descubres que bajo la capa de chocolate se desliza otra de crema, blanca, pero la verdad, no sabría decirte de qué. La mezcla es increíble e invita a comer sin parar, ji ji.

En esa curva, me paré.

Lo sé, parece aquella famosa frase de la mujer de curva ¿te suena? Pero es que tras unos kilómetros y nada mas superar el desvío a la vecina Cerler, el asfalto de la carretera desaparece bajo las aguas de una impresionante y caprichosa curva del río, llena de rocas gigantes.

Paramos el coche a un lado, ya en el camino de tierra que han utilizado a modo de desvío provisional y nos acercamos al temido borde. La fuerza de la Naturaleza siempre nos recuerda que somos nada, de verdad. El paisaje, siendo sabedores que antes era una carretera, es espeluznante. Otros vehículos, tan sólo un par, siguen nuestra misma suerte, pero no se detienen.

Reanudamos la marcha mientras comentamos in situ lo que nos contaban en la tele y lo que estamos viendo en persona.

Una nueva curva y una construcción de varias plantas. Puff! No sabría cómo describírtela.

Falta parte de la fachada principal, toda la construcción se ha quedado en el aire, la cimentación desnuda y bueno, falta un trozo de casa. No puedo evitar sentir un escalofrío e imaginar la suerte que corrieron los moradores, o no.

¿Habría gente dentro? ¿Les sorprendería durante la noche? ¿Estaría vacía al igual que los columpios?

De verdad ¿Cómo sería el ruido y los momentos de pánico que aquí se vivieron mientras el cielo se rompía y las aguas de un embravecido Ésera arrasaban con todo a su paso?

Siento el silencio de la montaña, estamos solos, delante de la casa, mirando fijamente sin ser capaces de pronunciar palabra. Creo que me he olvidado incluso de respirar. ¡Qué escena!

Llanos del Hospital

Recuperado el sentido de la realidad, proseguimos en dirección a llanos del Hospital. Como siempre y siguiendo el cauce del río, pasamos por la Presa de Benasque, un pequeño embalse llamado “De Paso Nuevo”que recoge las aguas del deshielo y supongo que servirá además de para producir electricidad, proteger de alguna manera a las población río abajo. Aunque en esta ocasión, sólo en parte.

Pasamos por la zona de acampada municipal llamada Senarta y desde la cual tantas noches estrelladas he visto. Pero seguimos, la intención es llegar hasta el Hotel de los Llanos y hacer un buen Momento Café.

Tras muchas paraditas, llegamos al parking del Hotel. Me encanta este lugar ¿te he dicho que siento como que ya lo conozco todo? Es una sensación que me desconcierta. Estoy tan seguro que asusta, sobre todo porque no suelo creer en muchas cosas.

Delimitado por unos simples postes de madera que recuerdan a los recintos en donde trabajan con caballos, aparcamos justo al fondo. El suelo todavía está mojado y los charcos son numerosos, la verdad es que está todo embarrado.

Sigue haciendo sol, aunque la temperatura ya ha empezado a descender y se intuyen pocas horas de luz.

Mientras cogemos las mochilas pequeñas en donde llevamos el portátil y demás, algo llama poderosamente mi atención.

Como te digo, he estado en más ocasiones en este parking y disfrutado de las vistas panorámicas desde esta posición, pero acabo de ver algo que me ha puesto los pelos de punta y estoy seguro de que no estas ahí.

Frente a mí, justo por donde sigue la pista forestal, una sombra en la roca, supongo que efecto óptico por la humedad, ni idea, en forma de mujer. Hasta aquí suena interesante salvo por el detalle de que recuerda a la mismísima muerte.

Es igual que en las películas de miedo, parece incluso que avanza por la roca, pero no, no se mueve. Vestida de negro intenso, sus ropas recuerdan a las vestimentas de las brujas, justo cuando vuelan en sus destartaladas escobas mágicas. El perfil de su rostro, siniestro total. Con su puntiaguda nariz, su mentón pronunciado y unas cuencas oculares que parecen pozos abismales.

Nunca me había pasado esto, es la primera vez que veo algo así y por supuesto, he de describir. Hago un par de fotos, pero no sé si alguien me va a creer. En formato digital todavía se define mejor. Un nuevo escalofrío sacude mi cuerpo.

Al mismo tiempo, siento que esa imagen representa algo que sucedió en este lugar. Algo que quiere que no se olvide, algo que todos deberían saber, a modo quizá de advertencia. No lo sé.

No sé cuánto tiempo he estado mirando la figura, ni cuantas veces lo he hecho para estar seguro de que no era mi imaginación.

Una voz me despierta del trance ¡Eíh! ¡Que te has quedado atontado, pin pin!

Mayte, cómo no 🙂

Atravesamos el parking hasta llegar a la entrada principal en donde nos reciben unas preciosas figuras de animales esculpidas en troncos de árboles y entramos al hotel.

A la izquierda, un enorme sillón también de madera con detalles Templarios. Me acerco con decisión y tomo asiento. Vuelve esa extraña sensación, es como si ya lo hubiese hecho antes, pero como si estuviese realmente exhausto y vestido diferente, tal vez con pesadas mallas de metal y en otra época. Guardo silencio y no digo nada, mi sentimiento es anterior a la construcción de este lugar. Estoy confundido.

Siguiendo nuestra visita, saludamos en recepción y bajamos a un sótano en el que tienen una especie de museo. Allí encontramos detalles de cosas encontradas en la zona datadas en diferentes siglos, sobre todo militares, pero ninguna de ellas despierta mi interés. Bueno, quizá alguna punta de flecha.

Tras un vistazo inmerecidamente rápido, subimos a la planta principal y nos acomodamos en el salón comedor. Es precioso.

El grado de detalle en la decoración es exquisito, todo ello en madera, piedra y forja.

Este lugar es increíble, la verdad. Por mucho que quiera describírtelo, hay que estar aquí para ver y sentir.

Tras un cafelito, una horita de conexión a wifi y empaparnos de la energía del lugar, decidimos volver a la zona de acampada habilitada río abajo, en los llanos de Senarta y hacer noche.

Senarta

Ha caído el sol y con él la temperatura. La humedad ambiente se ha disparado y el buen rollito se ha tornado inquietud. Aunque sabíamos que esto iba a pasar, nos ha pillado con la guardia bajada.

Buscamos una zona cercana a los aseos, una pequeña construcción que ofrece servicio de baño y ducha (agua caliente).

Un par de autocaravanas a un lado  y un grupito de tiendas de campaña al otro. Optamos por no llamar la atención y establecemos el campamento junto a las tiendas, claro.

La oscuridad es cada vez más intensa, los últimos rayos de luz han desaparecido y bueno, mañana es el gran día, así que montamos rápidamente el iglú, colocamos las esterillas, los sacos, y pasamos al momento cena.

No sé si alguna vez has oído hablar de este lugar o incluso has tenido la suerte de dormir aquí. Pero uff, es increíble.

De todas las noches que he dormido bajo las estrellas, puedo destacar dos. Una cerca de las pistas de esquí de Valdelinares, donde tras una larga jornada de montaña invernal me sorprendió un cielo increíblemente estrellado. Y la otra aquí mismo, en donde me pasó lo mismo durante una acampada, solo que con mucho más detalle y mucho más tiempo.

Además de la escasa contaminación lumínica de estos parajes, es importante el tiempo que tus ojos tardan en adaptarse a la oscuridad. No obstante, Plan de Senarta es espectacular.

La ofrenda

Amanece, como suele pasar cuando duermes al aire libre, es que te despiertas con las primeras luces. Así que no tardamos en levantar el campamento y salir disparados en busca de un primer café en el hotel de ayer.

Tenemos un día precioso, la temperatura acompaña y el sol se presenta radiante. Amenaza con ser una jornada espectacular.

Sin perder mucho tiempo, reanudamos la marcha y conducimos, siguiendo la pista forestal hasta un último parking, el de la Besurta.

A partir de aquí, empieza una caminata que nos llevará hasta el refugio de la Renclusa tras un par de horas de marcha, quizá menos.

Ya conocemos la subida, exigente en algunos tramos pero apta para todos los niveles. Sin prisa, haciendo paraditas y disfrutando tanto del paisaje como de los pequeños detalles.

Estamos bien, la subida ha sido muy buena y haber descansado bien la noche anterior se ha notado mucho.

Como siempre, entramos al refugio para saludar y tomar un café.

Apenas son las 12:00h. Tenemos todo el día por delante y no hay prisa. Entramos a una sala que hace papel de cafetería y multiusos, el café no es muy allá, pero entra bien.

La ventanas ofrecen una panorámica que desvela el lugar donde estamos, es precioso. La decoración, en madera y piedra, acompañada de fotografías y postales de todos los tiempos, te sumerge en un ambiente montañero de lo más romántico.

Mi mente hace click y de repente recuerdo el por qué estoy aquí, cuál es el fin de este viaje y en realidad, qué simboliza.

Siento una extraña mezcla entre ansiedad, nerviosismo y paz. Lo sé, es un poco contradictorio, pero es lo que me está pasando en estos momentos.

Sólo ahora empiezo a ser consciente de lo que hice en su momento y el grado de responsabilidad que tengo. Siempre he dicho que mientras para unos puede ser nada, para mi puede ser una gran aventura. Y así es como lo estoy viviendo.

Me encanta la montaña, sólo aquí me siento yo mismo. No hay nada que aparentar, tampoco tendría sentido. Sólo aquí encuentro mis límites, sé hasta dónde puedo llegar o mejor dicho, lo intuyo.

Pero es la montaña la que manda y yo tan solo soy un simple mortal.

La mirada se pierde en la distancia, apenas 200m me separan del gran portón. Es cierto que desde aquí parece minúsculo, pero la verdad es que lo recuerdo enorme.

No puedo evitar recordar aquella gran experiencia, en la que la montaña nos plantó cara y que al mismo tiempo nos dio protección. Cierro los ojos y siento que estoy allí, a merced del frío, del gélido y cortante viento, acurrucado en la pared de piedra, asustado incluso ante la situación.

Pero los recuerdos me llevan más allá, hasta aquella puerta de hierro helado, hasta el sonido estremecedor que sólo unas grandes bisagras producen al chirriar, a la oscuridad de lo desconocido y al descubrimiento que un día me marcó y postró ante los pies de aquella silueta que inmóvil, me miraba, la Virgen de las Nieves.

Con un gesto rápido, busco en el interior de un bolsillo, justo en el pecho. Sí, el lazo está dentro, sólo quería asegurarme.

Tras un rato de charla, decidimos abandonar el lugar y culminar la expedición, es la hora.

Recordando lo que pasó en su día, tomamos el camino que lleva directamente al río, por el mismo que tuvimos que volver años antes.

En poco más de 10 minutos, llegamos ante la misma puerta verde que recordaba, bueno, ahora parece incluso más pequeña, pero no lo es.

Entramos en total silencio, con todo el respeto que merece la ocasión. El sol nos acompaña, iluminando prácticamente toda la gruta. ¡Guau! ¡Qué pasada!

Todo está tal cual lo recordaba, como si no hubiese pasado el tiempo. Instintivamente vuelvo a colocarme frente a la virgen, a la altura de sus pies, como aquella vez, pero no sé qué decir y vuelvo a guardar silencio.

La verdad, creo que ni siquiera hace falta decir nada, estoy seguro de que ella ya sabe por qué estoy aquí, todo lo demás, sobra.

Mayte, tras explicarme algunas cosas más sobre lo que estamos viendo y recordar brevemente lo que pasó aquella noche, años atrás, decide salir y dejarme sólo.

Me doy cuenta de que efectivamente, las palabras sobran, pese a ello acabo murmurando algunas.

“Estoy aquí, he vuelto. Quiero que sepas que en estos momentos sólo pienso en mi madre, en todo lo que ha sufrido y en que se merece una vida mejor, pero no soy capaz de dársela. Todavía no.

También te traigo un presente, humilde, pero de gran significado para mí  y que simboliza la lucha por la VIDA, en mayúsculas, tanto de hombres, como de muchísimas mujeres.

Hay cosas que no entiendo en esta vida, sobre todo por qué siempre le toca a las más buenas y puras. Y por qué la maldad siempre sale ganando. De verdad, no lo entiendo.

Pero he aquí mi palabra, la de cumplir la promesa de volver con una ofrenda. Y he aquí, el lazo, más allá de lo material, puro simbolismo”.

Son casi las 14h, el tiempo se ha pasado volando y todavía nos queda la vuelta. Me siento extraño, incompleto. Pese a que he cumplido con mi palabra, sé que lo podía haber hecho mejor, pro desconozco el cómo.

No lo sé, tengo la sensación de que tarde o temprano, volveré a este lugar. No puedo dar este viaje por finalizado, todavía no. Tengo demasiadas dudas.

Emprendemos la bajada, sin prisa pero siendo conscientes de cómo se comporta la montaña a partir de las 17h. El sol cae rápidamente, el mercurio se desploma y lo que antes era un bonito cielo, en cuestión de minutos se puede tornar un infierno.

Somos conscientes y tenemos experiencia en ello. El parking nos espera.

Mientras lees esta historia, el paso del tiempo se ha ido acumulando. Lejos de llegar al coche y volver a casa, nos aventuramos a visitar otro gran valle, no muy lejos de allí y a tan sólo un centenar de kilómetros, más o menos.

Demasiadas emociones, merecemos un descanso en uno de los parajes más salvajes y hermosos que conozco, el Valle de Pineta.