Mi Primera Vez.

Llegamos a un parking llamado la Besurta. Es el final de la carretera y curiosamente está lleno de gente, no me lo esperaba.

Pese a que las condiciones climáticas de este invierno están siendo realmente duras, la gente aprovecha cualquier oportunidad para salir a la montaña y disfrutar. No los culpo, es lo mejor que pueden hacer y la verdad, hago lo mismo.

De hecho y aunque llevamos algún tiempo recorriendo el país en plan montañeros, nuestro equipaje es más bien sencillo. Vivo en una ciudad en la que tan sólo hay un par de tiendas con material de montaña y de verdad, los precios, son prohibitivos. Así que tengo que reconocer que siento que no estamos muy preparados para un lugar así.

Zapatillas deportivas, mi pantalón de chándal favorito, zapatillas de correr y una pesada chaqueta de cordura con relleno de fibra, de la que me han dicho donde la compré, que además de impermeable, transpira. Ese es todo mi equipaje. Esperemos que sea suficiente, porque el frío es tan intenso que parece que corta el aire.

Seguimos cogiendo cosas “por si acaso”. Saco de dormir, mochila, linterna de mano y un montón de botes de comida que pesan un quintal. De hecho subiré con una segunda mochila en el pecho y un par de bolsas de pan en las manos. Parezco algo.

La gente nos mira impresionada, ni se molesta en disimular ¿Pensarán que vamos de expedición? Ji ji, me da igual, siempre he dicho que es mejor estar preparado a quedarse corto.

Se nos escapan los minutos, ya ha pasado casi una hora y seguimos moviendo cosas de un lugar a otro. Pero no es importante, esto forma parte del viaje y pienso que es como un ritual que hacer a conciencia. Aunque seguro que al final algo se nos olvidará, como siempre.

Es mediodía, salimos. No tenemos idea alguna de qué camino tomar o dónde vamos a llegar, pero estamos muy ilusionados, de eso no cabe duda. En el pueblo de Benasque nos han hablado de un Refugio perdido entre las montañas y estamos dispuestos a llegar hasta él. Esto se pone emocionan